30.- Monumento al OSO Y EL MADROÑO. Madrid

La Puerta del Sol de Madrid, en la actualidad.
y el monumento al Oso y el Madroño en el centro.

Estamos ante una de sus obras grandes, tanto por la importancia de la misma, como por su transcendencia. Tanto por lo que representa como por su importantísimo emplazamiento, ya que dado su significado, y ya desde enseguida la popular simpatía por su reconocido simbolismo, tras muy viva polémica en la influyente prensa madrileña sobre el ubicar este bien recibido monumento en uno u otro lugar, en la que llegaron a terciar también diarios de provincias, se acertó al colocarlo en el lugar más íntimo, mas históricamente relevante: en la plaza Corazón de Madrid, la mundialmente conocida Puerta del Sol.

Pero nadie podía explicarlo mejor que el mismo autor y esto es posible porque hemos encontrado en su archivo la interviú que le hizo Radio Nacional de España, en su sección Ultima hora de actualidad, documento precioso porque está fechado con su propia mano: el 19 de noviembre de 1966. Dice:

“Sobre el Monumento del Oso y el Madroño en Madrid, realizado por el escultor Navarro Santafé, al que le formulamos estas preguntas:

-¿Cómo fue la idea de hacer un monumento del Escudo de Madrid?

– En un principio se trató de modelar unos grupitos del “Oso y el Madroño” a escala reducida, para obsequiar a los visitantes ilustres que llegasen a Madrid. De ahí se pasó a la idea de elevar un monumento a tamaño grande.

-¿Cómo ha sido estudiado y concebido?

– Dentro de las condiciones del lugar, que en un principio se le destinaba: la Puerta del Sol. Para no romper la armonía y el equilibrio de masas, pensé en unas dimensiones y en un conjunto arquitectónico y escultórico, de forma que armonizase con las dos fuentes barrocas que en ella existen.

-¿Quiere V. describirnos el monumento?

– El escudo madrileño no es un secreto. Todo el mundo sabe que se trata de un oso apoyando sus patas delanteras sobre un madroño y comiendo su fruto. Este grupo que mide 2’40 m. de alto X 1’60 de ancho, se está fundiendo en bronce y va sobre un pedestal de 2’32 m. de alto, siendo su altura total 4’72 m. En su cara posterior lleva los símbolos heráldicos de las siete estrellas que completan el escudo madrileño. En su cara delantera se leerá, en latín, esta inscripción: AD MAIOREM MATRITI GLORIAM.

– ¿Qué modelo ha utilizado?

– Se trata de un soberbio ejemplar de oso, capturado en los Picos de Europa y que ahora vive en el Zoológico del Retiro en compañía de la “Chata”, que así se llama su compañera osa.

– ¿Escultura difícil?

– Toda escultura que tenga como protagonista a un animal, es difícil, porque al bicho, sea el que sea, no se le puede decir: “Alce la cabeza; alce la cabeza, amigo”. O “Baje o suba la pata, o el ala…”. Por eso es difícil. El oso, ¿a más de? difícil, es ingrato, porque es animalía de forma pesada, y el escultor tiene que adivinar su anatomía a través de su imponente abrigo de pieles. De todos modos, como todo lo hecho por Dios, y para la Naturaleza, es hermoso.

– ¿Puede darnos su opinión sobre su lugar de emplazamiento?

– Mi opinión casi ya la he contado antes. No obstante le diré que se están barajando varios lugares para su emplazamiento. Uno de ellos es Puerta de Hierro, pero en mi opinión es que para ese lugar debería haberlo realizado en mayores dimensiones, dada la perspectiva tan grandiosa que tiene esa entrada a Madrid, pues además de quedar pequeño pasaría inadvertido.

Otro lugar es la Plaza Mayor, donde todavía encaja menos, pues en ella está la maravillosa estatua ecuestre de Felipe III, obra del inmortal Pietro Tacca, con el que no se puede competir.

En resumen, creo que el lugar ideal de su emplazamiento, – si así lo estiman los técnicos – sería la Puerta del Sol, corazón de Madrid. Al Sr. Alcalde y al Sr. Delegado de Cultura, y a otras personalidades del Ayuntamiento también les gusta este lugar. Me dijeron que podría ser peligroso porque debajo de la Plaza hay galerías del METRO. Pero en el lugar justo donde se pudiera colocar, o sea, entre las dos fuentes, hay un gran bloque de hormigón que los técnicos aseguran que puede soportar hasta 40 toneladas de peso, y “El Oso y el Madroño”, con su pedestal, pesa seis toneladas y media. Quedamos, pues, esperando el informe técnico de los ingenieros del METRO y, si fuera favorable, Madrid tendría, en el lugar más histórico, el monumento a su escudo heráldico.”


A.N.S. con el periodista Funes

Igual que en Radio Nacional otra igual interviú en TVE, y toda la prensa madrileña, con grandes titulares, colaboraciones y artículos, se ocupa con entusiasmo y expectación de la noticia informando con profusión que el Ayuntamiento había acordado la elevación de un monumento a “El Oso y el Madroño”, representación de la heráldica de Madrid; que el trabajo se había encargado al “escultor alicantino residente muchos años en Madrid”, Antonio Navarro Santafé, y que el sitio elegido para su ubicación era la Puerta del Sol.

Desde la fecha del encargo a la indicada para su inauguración, por minutas de escritos que no indican los enviara y tal vez se quedaran solo en minutas leemos como que se quiere quejar del escaso plazo de TRES MESES que le dan para la ejecución de la obra, o tal vez solicitar algunos días de prórroga.

“Yo trabajé en unas condiciones de excitación extremas. No está la obra acabada en su más alto grado de perfección. Me dieron el mejor sitio de Madrid y yo estoy obligado a entregarles a Vds. lo mejor de mi arte.”

No tenía él carácter para protestar, aunque sí para pensar que debería hacerlo y luego decidir que mejor callarse y trabajar más, porque éste si que era su carácter.

El encargo, que surgió como consecuencia de ver el oso que había modelado para la plaza de Berlín, cuando terminado se quedó en el estudio, es comprensible que una vez tomado el acuerdo de realizar el monumento y compulsado que la noticia había caído bien – “el monumento que faltaba en Madrid”, decía la prensa – los ediles, felices con la acertada idea y decisión, desearan realizarlo por vía de urgencia y cuando ésta se exige al máximo puede surgir la protesta lógica del artista que, sintiéndose honrado la acepta, también deseoso de complacer, confiado en la posibilidad de sus facultades aun por encima de la excesiva premiosidad del tiempo, sobre todo para alcanzar el perfecto estado en el acabado de su obra, tanto para complacer su alto escrúpulo personal, como más en este caso que entendía la importancia de su obra para Madrid, y el mágico sitio destinado para su ubicación.

Algo de esta urgencia se ve en la Crónica, a cuarto de página, del diario “MADRID” del 17.11.66. Con grandes letras: “CARTA DE NAVARRO SANTA FE (escultor)a “FELIPE” (oso),” y en recuadro “Con letra y música del maestro CHAPI” “Se trata del autor del Oso y el madroño”, símbolos de Madrid, que el día 24 de diciembre será inaugurado en la Puerta del Sol.” Dice:

“El pasado día 9 nuestro compañero José María Castaño recibió una carta enigmática de don Antonio Navarro Santa Fe, autor del citado grupo escultórico, quien, bajo la supuesta personalidad de Ruperto Chapí y hablando en términos decididamente musicales venía a ponerse del lado de nuestro comentarista diciendo que, efectivamente, Madrid necesitaba una representación de sus símbolos, el oso y el madroño, y que la idea se iba a convertir en realidad de manera inmediata.”

“José María Castaño, que en cierto modo secundaba una entrañable aspiración del actual alcalde de la Villa y Corte, don Carlos Arias, se vio ratificado posteriormente por el ilustre cronista y veterano periodista Francisco Serrano Anguita, que se ocupó en su habitual columna acerca de las estatuas matritenses y su perenne trasiego.”

“A continuación reproducimos algunas líneas de la carta del Señor Navarro Santa Fe, que en esta ocasión firmó como Ruperto Chapí, un bello seudónimo para recordarnos al “padre” de Felipe y Mari Pepa:

“Faltaba en Madrid, y usted lo señala, la estatua eternizadora de la flora y la fauna matritenses, siquiera en el concepto heráldico de esa flora y esa fauna. ¡Monumento al “oso” carpetano y al “madroño”, carpetano también, unidos a las “siete estrellas”, que no se me olvidarán nunca por la relación que tienen con las siete “notas” musicales de mi constante uso y aun abuso.

“Para su buen gobierno le diré que su suspirado anhelo monumental no solo está en ejecución, sino que está ejecutado y en trance de colocarse sobre no sé cual de las vías – léase “pautas”- o de las plazas – léase “sostenidos”- de este nuestro musical Madrid.

“Por deseo expreso del Alcalde de Madrid, señor Arias Navarro, se ha dotado de una celeridad extraordinaria el proyecto de realización de un grupo escultórico que represente los símbolos entrañables de la ciudad, el oso y el madroño. Y en un tiempo sin pausa vana se ha pasado de la idea a la concreción real, porque ya existe el grupo escultórico con las dos figuras clásicas. Se ha previsto su inauguración oficial para el día 24 de diciembre, y el sitio escogido ha sido el centro mismo de ese punto neurálgico que se llama Puerta del Sol, entre las dos fuentes que ahora existen.

“El oso y el madroño miden 2,20 metros. Su peso será de 500 kilos. Estará situado sobre un pedestal hecho de piedra caliza, de piedra arenisca de Novelda. En él figurará la siguiente inscripción: “Ad majorem Matriti gloriam”. El presupuesto de esta obra se ha estimado en 200,000 pesetas. El autor se ha inspirado para esculpir a la fiera en un oso del Norte de Europa que está enjaulado en la Casa de Fieras del Retiro. Se trata de un oso gigantesco, anatómicamente bien constituido y con una cabeza grande y simpática.

“El grupo será fundido en bronce, y esta misma mañana se está realizando el acarreo de las distintas piezas anatómicas hasta la fundición para proceder a la laboriosa operación de pasar los ejemplos de flora y fauna matritense de simple escayola a duradero bronce.

“En un principio se había especulado con otras ubicaciones para estas figuras, pero al final, tras un examen pericial de la plaza, para saber el peso que podía sustentar este eje minado por las galerías subterráneas del Metro, se ha escogido la Puerta del Sol.

“Madrid va a disponer de una representación más gráficas de sus atributos domésticos y, al mismo tiempo, el grupo representativo, en tamaño correspondiente, será entregado en señal de homenaje de la ciudad a los visitantes ilustres que nos lleguen.”

La carta de Navarro al periodista del diario MADRID, motivo del artículo que antecede, fue debida al artículo que éste escribió el 7 de Noviembre, en su columna habitual “La Villa, el Oso y lo demás…” bajo el título, LA ESTATUA QUE FALTA, en el que daba, posiblemente por primera vez, noticia del acuerdo y esto se desprende cuando entre su contexto dice: “Como decíamos ayer… en Madrid no es que sobren muchas estatuas, es que están mal distribuidas. Sin embargo hay una que la está pidiendo a veces nuestra propia historia y nuestra tradición. Esta, que es la Villa del oso y del madroño todavía no le ha elevado un monumento a este simpático animal que vivía por estos parajes…. Ya saben ustedes que “Felipe” me pidió el último día una estatua, la “suya”, la del oso madrileño. Claro que el muy pillín me dijo que ya contaba con la decisión del alcalde. Me lo contó así: Cierto día me colé de rondón en una de esas ruedas de Prensa que el alcalde mantiene con los informadores municipales. y de pronto dijo algo que me dio una gran alegría. Dijo que Madrid elevaría un monumento al oso y el madroño. Que se buscaría un emplazamiento digno y que cuando una personalidad destacada visite nuestra ciudad será obsequiada con una reproducción en pequeño de ese monumento. La idea es muy buena. … Ya me parece estar viéndome sobre un enorme pedestal con la firma de un Avalos, de un Coullata Valera o de un Pérez Comendador…..”

Tal mención de los nombres de aquellos famosos escultores, y no del suyo, si bien él ya tenía en su haber el triunfo de su Exposición en el Club de Monteros en 1964, donde las más altas personalidades del arte cinegético le habían proclamado el mejor escultor animalista de España, le hacía estar lógicamente celoso de su nombre. Y se lo comunica al articulista que lo desconoce por medio de una graciosa carta, que aquel califica de enigmática, por cuanto es un dialogo entre la estatua de Felipe. el de la Revoltosa, con la del Maestro Chapí, en el precioso Monumento que, de su mano, tiene la ciudad natal de él y del inmortal Maestro, Villena, y como era éste el que figuradamente se la escribía, la firmaba su nombre. De “bello seudónimo” lo califica muy bien el periodista al publicarla.

Indudablemente sería curioso recoger en este libro todo lo que sobre el monumento se escribió en aquellos 3 meses finales del año 1966, donde la polémica para su ubicación, especialmente la de los partidarios de la Puerta de Hierro, los de la Plaza Mayor, y aun los del Parque del Retiro, como los de la Puerta del Sol, hicieron correr mucha tinta en las páginas de la prensa, también en la radio y la televisión, y no solo por cronistas oficiales y periodistas, sino también por el público en cartas a los directores. Pero ello aumentaría con exceso este volumen. Vale como suficiente la constancia en él de que existió y que fue extremadamente viva.

Por fin se impuso el criterio inicial del Ayuntamiento, tras el paso por aquel cedazo de opiniones y razonamientos defendiéndolas, y el Alcalde comunicó la definitiva resolución municipal de levantarlo en la Puerta del Sol, como se había previsto cuando se propuso, se estudió y se tomó el acuerdo de levantar aquel monumento.

La noticia causó viva satisfacción a Antonio, que andaba muy preocupado con la polémica, y la alegría la expresó en un escrito que dirigió al Alcalde y publicaba el diario MADRID del 29.12.1966, redactado en estos eufóricos términos:

“EL ESCULTOR AGRADECE LA COLOCACION DEL OSO EN LA PUERTA DEL SOL. Epístola sentimental, floreada y erudita de Navarro Santa Fe al Alcalde de Madrid.

“Excelentísimo señor don Carlos Arias Navarro, alcalde presidente del Excelentísimo Ayuntamiento. Madrid.

“Excelentísimo señor, amigo mío y alcalde de la Villa y Corte, que tiene su más puro símbolo en el Oso y el Madroño: Sé que “Felipe”, el plantígrado carpetano que por voluntad de usted va a levantar sus reales manazas en el ámbito madrileño de la Puerta del Sol – manos que van hacer de la “bola de Gobernación” el más bello y mítico madroño madurado bajo las estrellas madrileñas – piensa escribir unos rengloncillos a vuestra edilicia autoridad agradeciéndole el hueco de honor que en la famosa y universal plaza (Puerta, quiero decir), y pese a la disparidad de opiniones surgidas ante el hecho, se ha dignado usted concederle, para que, como primer vecino de esta coronada Villa, presida la eternidad de los acontecimientos de la que ella tiene que ser -¡siempre será la Puerta del Sol la Puerta del Sol – único y solemne escenario.”

“Allí el broncíneo “Felipe”, encaramado en su pedestal, cerca del kilómetro 0 que cuenta y mide lo radial de España, cerca de las calles de Carretas, carrera de San Jerónimo, Alcalá, Montera y las demás, por donde aún pululan sombras galdosianas imborrables, donde la sangre de “la afrancesada” aun late fresca, donde tantas cosas viven y perviven – viejos cafés, viejas librerías, viejos balcones que vieron procesiones y algaradas -; allí, “Felipe”, va a sentirse como un director de orquesta que llevase entre las uñas la batuta del ritmo de su Madrid.”

“Y si el oso quiere dar a su alcalde las gracias por esta ubicación tan genuinamente matritense, ¿cómo no se las dará el escultor que por usted, alcalde, señor y amigo mío, ha logrado ver que la impronta de sus dedos, primero en el barro y luego en el bronce, va a quedar fija y palpitante en el acrisolado aire de la Puerta del Sol?.

“Mi obra podía haber sido emplazada en otro sitio, y no por eso dejaría de ser mi obra. Pero el emplazamiento que usted ha decidido darle trastrueca las cosas, y ya mi obra no es mi obra, sino que es la obra de Madrid, de cada uno de sus hijos y, en singular, de su Ayuntamiento, cuyo alcalde ha honrado a un escultor ofreciéndole el corazón de Madrid para que sobre él se coloque la monumentalidad del Oso y del Madroño que, a fuerza de símbolo y a fuerza de amor, deja de ser mía para “ser” de todos y para que todos sean míos en la efusión cordial de la Puerta del Sol de Madrid.”

“Escribo estas letras agarrado a la pataza de “Felipe” madrileño por antonomasía, y con la derecha, que me queda libre, aprieto la de usted, amigo y alcalde de este Excelentísimo Concejo, en la seguridad – para usted y para mí – de que mi devoto trabajo está siempre a la disposición madrileña de su alcalde, que por obra de su madrileñismo ha colocado el Oso y el Madroño en la hermosura eterna de la Puerta del Sol.”

“Siempre amigo de vuestra excelencia, Firmado, Antonio Navarro Santa Fe.”


A.N.S. en la colocación del monumento


A.N.S. ayudando él mismo La inauguración se retrasó de el 24 de diciembre primeramente señalada, al martes 10 de enero de 1967. El día anterior había caído sobre Madrid la primera nevada de aquel riguroso invierno, extremadamente intensa según noticiaban los diarios, pero el día 10, aun con intenso frío, a la una del mediodía, el Alcalde de Madrid, Don Carlos Arias Navarro, procedió a descubrir el monumento, retirando solemnemente la gran bandera nacional que lo cubría. Este estaba adornado y orlado de la Guardia Municipal en traje de gran gala. Acompañaban al señor Alcalde todas las representaciones municipales, numerosos relevantes invitados y entre estos destacaba el nutrido grupo de los “amigos de la capa” con su presidente, con la misma prenda, el popular Marqués de la Valdavia que por entonces era Presidente de la Diputación de Madrid.

No hubo prisa alguna por el frío y admirado resultó público y oficialmente asistentes, quizá más dentro del calor del acto abrigado por el gentío que, si normalmente circula por la famosa plaza, aquel día era mucho mayor, escuchando las palabras que “a título de pregón” como lo calificaba el diario MADRID, pronunció el cronista de la Villa, don Federico Carlos Sainz de Robles, quien, entre otras cosas, dijo en su parlamento:

“Gracias a Dios ya estamos reunidos en Madrid, y en fecha que tendrá importancia histórica, todos los madrileños habituales, porque el único nativo que nos faltaba desde hace mucho tiempo – y no por razones laborales ni de exilio – ya está aquí, a nuestro lado, donde debe estar: presidiendo una de las entretelas del corazón de nuestra Villa: La Puerta del Sol. Y debo añadir que el madrileño nativo que nos faltaba es, sin posible discusión, el decano de los madrileños indígenas, el de solera más acreditada, el que con mayor tozudez se ha encargado de mantener limpia, seductora y hasta un poquito misteriosa nuestra heráldica de gran urbe con pasado glorioso a todas luces,… el oso, que fue la primera bestia, mas o menos franciscana, que nació en nuestra tierra y se paseó por los aledaños de un Madrid ya con rigor histórico.”

“Sí, fue éste nuestro muy querido primer madrileño, con domicilio acreditado en padrón de naturaleza, quien presenció, alternando su pasmo con su recelo, la edificación de su alcázar por Mohamed I; la escandalosa algarada de “llega y vete” patrocinada y dirigida por Ramiro II; la conquista de Almudena, Medina y Alfoz matritenses por don Alfonso VIII; la primera reunión solemne del I Concejo de Villa, instituido por don Alfonso XI.., Pero, cuando ya municipalizados y hasta urbanizados, los madrileños decidieron tomarse largas vacaciones pacíficas, ejercitándose en la agricultura, en la pesca manzanareña y, sobre todo, en la violencia de la caza mayor, el Oso pardo tembló. Y con razón. muchos, muchísimos de sus congéneres fueron astutamente entrampados, asaeteados, despejados. Y sólo porque es preciso que la excepción confirme la regla, nuestro muy querido Oso, el más astuto, tal vez el más discreto de razones de guerra, salvó la pelleja…. ¿Cómo diréis que la salvó? Metiéndose en uno de los cuarteles de nuestro escudo, simulando en él una estática actitud heráldica. Sí, solo esta ingeniosa estratagema le permitió a nuestro muy querido primer madrileño, tan orondo y campante, llegar a nuestros días, luego de estar disfrazado de bestia totémica durante varios siglos. Esperando, supongo yo, a que “escampase” un poquito para dar señales de vida. Gracias a los tiempos que corren en España y a la decidida y casi poética decisión de un Concejo de Villa excepcional, nuestro Oso ha salido de su secular acuartelamiento en nuestro escudo para convertirse en un habitante de lujo en una de las más seductoras entretelas del corazón de Madrid: La Puerta del Sol.”

Todos los diarios reproducen amplias fotografías del acto, al igual que el monumento que, desde cuando está el escultor trabajando en él, hasta el paso por las calles de Madrid camino de su emplazamiento – el diario EL ALCAZAR publicaba el 5.1.67, a un tercio alargado de su primera página una hermosa fotografía con Cibeles incluida, pasando junto a la popular fuente el camión que conduce el monumento,


A.N.S. detrás del camión en su “600”

y al pie con letras grandes: “Regalo de Reyes a los madrileños.” (Navarro escribió sobre el cielo de ella: “Ahí va Navarro con su “600” tras el Oso y el Madroño”).

El mismo 6 de enero el diario ABC presenta a toda portada el monumento, con la perspectiva del reloj de Gobernación y plaza, aun la valla que defiende su base, y entre otros lo reproducimos por la curiosa loa y justificación histórica que en su cabecera explica.

“EL OSO Y EL MADROÑO. Ya está en su pedestal la estatua en bronce del oso y el madroño que, acertadamente, ha erigido el Ayuntamiento en la Puerta del Sol.

“Yo a vuestro bel madroño coronado

y fiera de siete estrellas figurada”,


A.N.S. con el Alcalde de Madrid Don Carlos Arias Navrro

decía ya en su soneto, dedicado a las armas de la Villa, don Juan Hurtado de Mendoza, y el maestro Juan López hablaba del plantígrado matritense en su “Libro de la muerte de la Reina Doña Isabel de Valois”. Liquidado un pleito de la Villa y el Cabildo sobre propiedad de las tierras del Quejigar, Cosmonte, Vallobreo y otras de El Pardo, el oso, encaramado al madroño, significa que, para la Villa quedaban los árboles, y para el Clero los productos del suelo. Símbolo así, de equilibrio, de pacto, de acuerdo, el oso y el madroño parecerán enseñar, desde la plaza más popular de Madrid, los caminos de la concordia y el diálogo.”

Y como final a estos comentarios que historian la ejecución de este monumento, la polémica sobre su ubicación y el acto de su inauguración, que hubieran podido ser mucho más amplios porque, fue tanta la atracción que este tema tuvo para cronistas y periodistas que, al contemplar su volumen, pudiera decirse que jamás un monumento de la villa tuvo tanta prensa, artículos y fotografías como éste, hemos reservado lo que escribió nuestro escultor para el acto de la inauguración:

“Cuando a un escultor se le presenta la ocasión única de ver una de sus obras colocada en este plinto de gloria que es la Puerta del Sol, ni puede ni debe decir nada. La obra habla por mí, y si el calor de la emoción fundiera el bronce, el Oso de Madrid y el florecido madroño, chorrearían las lágrimas que a mí me chorrean ahora del corazón.”

“¡En la Puerta del Sol, el Oso y el Madroño, con las huellas de los dedos de este humilde hombre que soy yo. Creo que, en este momento, cualquier gran madrileño se cambiaría por el madrileño mínimo que va en mí!.

“He trabajado en esta obra con todo entusiasmo de un hombre nacido en ésta matriz hispánica que es Madrid. Y conste que de Madrid no soy.”

“¿Pero era de Madrid Don Benito Pérez Galdós, que dio vida y sangre a Fortunata y Jacinta?. ¿Pero era de Madrid Don Ruperto Chapí, que hizo cantar a todos los timbres de pasión madrileña a Mari Pepa y Felipe?. No lo eran, y sí lo eran. Como yo”

“Atraído, imantado por este enorme hierro de lumbre que es Madrid; lleno de Madrid hasta los tuétanos; sorbido y fundido a Madrid, hasta ser ese madrileño nato destinado por Dios para modelar los símbolos heráldicos de la Villa. ¡Villa del Oso y del Madroño!, ¡Villa de las Siete Estrellas!, ¡Villa de los blancos sillares de piedra colmenareña, acariciados por las manos de Carlos Tercero!, ¡Villa de los balcones de Churriguera, para que se asomen las madamas a ver las cuadrillas de Pedro Romero!, ¡Villa de ese otro balcón – frente a mi oso -, en el novecentista Hotel París, al que una tarde de primavera se asomó Rubén Darío, que traía cartas credenciales de Embajador y versos admirables que eran sus credenciales hacía Dios!”

“Mi oso, que es el Oso de Madrid, ¡en la rueda fabulosa de la Puerta del Sol!, casi mirándose en los espejos donde vieron Ramón y Don Jacinto Benavente; casi oliendo las cintas de la calle de la Montera:

“¡Qué bonita la calle

de la Montera

donde se venden cintas

y madroñeras.”

como dice la canción de ronda y de niña.

“Mi labor está plenamente compensada conque mi obra esté aquí. y que esté tutelada por el Ayuntamiento madrileño; amada por su Alcalde; glosada por sus cronistas; acariciada por sus mujeres; sorprendida por sus niños; volada por sus palomas y golondrinas; acompasada por la bola de Gobernación, que es madroño de oro en este cielo en árbol que es el cielo de Madrid”

“Yo doy gracias a todos: Autoridades, Artistas, Prensa, Radio, Televisión; amigos que me rodean; nieve próxima que estaba si caía o no caía y que al fin cayó para dar gualdrapa de blancura al Oso de Madrid.”

“¡Dios quiera, y haga, que la fierecilla y el arbolejo sean siempre ornato y orgullo de Madrid!. ¡Dios quiera que el caballo de Pietro de Tacca le mire con buen ojo y le dedique un celeste relincho!. ¡Dios quiera que mi obra, Madroño y Oso, sean el pálpito de Madrid hecho bronce, en ésta puerta del Sol donde Don Francisco de Goya puso la sangre de la madrileñería, y donde mi corazón es hoy el primer madroño que sangra, rojo entre la nieve, su zumo de gratitud por mi” Madrid.

“Madrid, 10 de Enero de 1967. Antonio Navarro Santafé.