12.-EL EMBLEMA OFICIAL DE LA RENFE

En su Estudio – Museo de Villena colocó, y en él se conserva, debidamente enmarcada, una fotografía del Emblema de la RENFE: Un águila imperial explayada que sujeta con cada una de sus garras el inicio de los dos railes de vías que, partiendo de la cartela acostada con las letras RENFE fundida a ellas, se adentran sobre sus traviesas en preciosa perspectiva de lejanía hacia el centro del pecho del águila como infinito destino cuyo punto aun visible es el centro de un encendido sol que expande radiante luminaria.

Fue convocado el Concurso para el Emblema Oficial, al darle impulso años después, a la promulgación de la Ley de Ordenación Ferroviaria y del Transporte por Carretera, 24 Febrero 1941, dentro de la cual se constituía la empresa pública Red Nacional de Ferrocarriles Españoles (RENFE) en la que revirtieron las antiguas compañías privadas.

Eran tiempos muy difíciles de trabajo y fáciles de hambre. El primer Concurso lo declararon desierto. Al convocar el segundo Concurso se enteró Navarro y, movido por su apremio de dinero, lo que comentaba afable porque ello fue demasiados años su constante e insuperable realidad, lo estudió con la seriedad que aplicaba a todos sus trabajos y fue siempre norma habitual en él, y concurrió con tres dibujos. También envió una maqueta. Le concedieron el PRIMER PREMIO.

Consistía éste en diez mil pesetas, que le entregó en un acto con “vino español” el Presidente de la Renfe que era el Sr. Pérez Conesa. La cantidad, entonces mayor que el salario de un funcionario durante un año, le solucionó un tiempo de comodidad.

Estaba muy orgulloso de aquel PRIMER PREMIO, que ganó entre 548 participantes que habían presentado sobre 800 dibujos y lo destacaba con especial complacencia.

Comentaba que la dirección quedó tan satisfecha que, al coincidir la resolución del Concurso con la puesta en marcha de unas nuevas locomotoras que trajeron de Inglaterra, le comunicó que en honor del autor de su Emblema le ponían a una de ellas su apellido: SANTAFE.

Es cierto que durante bastantes años, una de las potentes, modernas, – y como cantó el poeta – “veloces locomotoras…” que arrastraban los trenes “expresos”…”desde la gran capital de las Españas…”,… aullando el silbo horrendo en que gemir le hacía – el horrísono hervor de sus entrañas… ” ostentaba el nombre de “Santafé”. Y esto, por verdad o coincidencia, lo decía muy formal como adorno de su explicación cuando señalaba la fotografía. Parecía su entusiasmo ante ella, como el difícil tiempo, este PRIMER PREMIO.

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