16.-CASTILLO DE EMBAJADAS. Villena

Se había quemado, por deseo popular, y como fin de fiestas la noche del día 9 de septiembre de 1952, el viejo Castillo de Embajadas, de madera, hecho para otras fiestas más pequeñas y no para las que la joven Comisión de Fiestas que, presidida por el Teniente de Alcalde y También joven Ricardo Guillen, había designado el prestigioso Alcalde D. José Rocher, estaban logrando ya, por lo que aquel resultaba arcaico y superado por la potencia mayor de los tiempos.

Ya algún año anterior hubo conatos de quemar “el Castillico” como jocosamente se le llamaba y parece que fueron más serios los de la noche última de fiestas del año anterior 1951. Pero enterado a tiempo de ello el Alcalde, impidió lo que de tal forma hubiera sido una gamberrada y prometió que aquel “Castillico” que se había venido utilizando, con todo el buen humor festero, tantos años, debía morir con todo honor y sería el año próximo, con tiempo para preparar presupuesto para otro más adecuado a los tiempos actuales y empeñó ante el numeroso público su palabra que sería así. Y la cumplió con general aplauso. A la una de la noche del día 9 de septiembre de 1952, en la traca que tradicionalmente marca el final de Fiestas; como siempre con “todo el pueblo” en la Puerta Almansa y llenando las amplias calles adyacentes, coso privilegiado y espléndido de sus bellísimos desfiles festeros, y aún aquella noche, por cierto de temperatura de verano, con muchos más por el anunciado acontecimiento sentimental que se iba a ver, el trueno gordo de la traca incendio el viejo “Castillico” como una alegre “falla” y entre aplausos de la multitud se convirtió bellamente en cenizas nobles, cual correspondía, como dijo el Alcalde, a los leales servicios prestados, siempre con humor y buen cumplimiento, a muchas generaciones de festeros, por lo que sus viejas maderas no podían utilizarse ya para nada más y debía acabar así, en el descanso de las cenizas y entre los aplausos de la multitud villenense

Castillo de madera (villenacuentame.com)

Ese Castillo de Embajadas se haría muy poco después de 1839, primer año que el Ayuntamiento en sesión plenaria acuerda las Fiestas con el fin de dar forma a las escaramuzas de los Moros y Cristianos que entonces se conocían con el nombre de la Soldadesca y desde el primer año lo colocaron en el centro de la Puerta de Almansa.” Quienes lo construyeron ×”… alegaron recursos recogiendo donativos durante el período de la trilla y por espacio de muchos años, tuvo una inscripción en la cara que mira al Oeste, que decía así:

A los desvelos y cuidados

de CLEMENTE SAEZ y MANUEL FITA

se debe ese Castillo”

Los datos sobre el origen del “Castillico” que recogemos entrecomillados los tomamos del interesante librito del ilustre abogado villenense y laureado poeta, D. José Zapater, editado en Valencia en 1884 con el titulo “Historia de la Imagen de Ntra. Sra. de las Virtudes”, reeditado por la Junta de la Virgen en 1974.

La desaparición del viejo “Castillico” implicaba ya la urgencia del nuevo prometido que tenía que plantarse en las fiestas del año próximo. Un año se pasa muy pronto y aunque ya se tenía hablado por la Comisión con antelación, la realidad es que las prisas se echaron encima ante lo definitivo de habernos quedado sin Castillo de Embajadas.

La Comisión de Fiestas gestionó entre varios artistas el proyecto del nuevo pero al final, ¡cómo no!, le dieron el encargo a Navarro Santafé indudablemente por las mismas causas que ocurrió otras veces: : 1º ser el proyecto que más gustó; 2º ser su autor de Villena y el artista de más confianza para tratar el tema económico. Pero, como por algo hay refrán para ello, las cosas de palacio van despacio.

El 17.5.1953, a solo tres meses y medio ya de las Fiestas, Navarro escribe al Presidente de la Comisión diciéndole:

Primera colocación del castillo

“Con la premura que me pedías en tu carta del 26 de marzo hice y os mandé la maqueta y los planos del Castillo y veo que después de veinticinco días no os habéis dignado en acusarme recibo del trabajo hecho ni me habéis mandado la primera remesa de dinero según lo aprobado por esa Comisión de Fiestas; espero que sea acreedor a esta delicadeza, pues por complaceros me vi obligado a trabajar muchos días hasta las seis de la mañana y, si corría prisa mi gestión, también debisteis tenerla por lo menos para acusarme recibo. Me duele no ser correspondido con arreglo a mi interés por vosotros. En espera de vuestras noticias me reitero affmo….”

Inicialmente el Ayuntamiento convocó un Concurso de diseño, para su realización en hierro, que gana Navarro. Considerando éste que su lugar de colocación, en la curva de la carretera general de Madrid a Alicante, en el centro de la Ciudad, lugar llamado Puerta de Almansa, comienzan ya a molestar las Embajadas a los automóviles – aún sin prever en aquel 1952 el inmenso tráfico que en los años siguientes surgiría – concibe su castillo dotándolo de un alto puente por bajo del cual circularían los vehículos sin estorbos a las Embajadas, que se harían desde la torre con pasos almenados que colocaba al final del arco en el lateral tradicional.

Gusta, pero la Comisión lo desestima por su alto precio. Hace otro proyecto, solo con el cuerpo de la torre, y lo aceptan. Ha de ser reconstruido con chapa de hierro de solvente medida para el uso que debe soportar,

Y también le exigen sea él quien lo pinte. Lo acepta tras el debate sobre sus honorarios que, por todo, quedan fijados en 14,000 pesetas, una vez más bajísimos pero que admite como demostración de colaborador con su pueblo. La materialidad de la obra con su maqueta, planos, bajo su dirección, la tiene que realizar unos acreditados talleres metalúrgicos de Villena.

Pronto le llegan a Madrid noticias para disgustarse, por los habituales y tradicionales motivos. La Comisión, sin decirle nada a él, ordenaba por su cuenta a la metalúrgica algunas modificaciones para abaratar el costo. Al tener noticias escribe inmediatamente a los Talleres para que no efectúen modificación alguna sin su permiso, como Director que era de la obra. Aquella carta la conoció la Comisión De Fiestas y se enfadaron. Su joven y dinámico Presidente, Ricardo Guillén Ibañez, tan acertado en brillantes innovaciones de Fiestas, tal vez en este asunto se vio cogido por el factor tiempo y por el factor dinero. Reaccionó con una fuerte carta a Antonio. No menos fuerte fue la contestación disgustada de éste. En resumen, le costó viajar a Villena una vez más, para una discusión de antemano perdida…porque se quedó con ella. Al igual que ocurriera con todo lo que había hecho antes en su pueblo, una vez más, era trampeado por la miseria económica. Entre otras modificaciones de achicamiento en las medidas, la principal fue hacer solo de hierro los dos primeros cuerpos, y los altos bastiones que coronaban la torre del homenaje, con sus matacanes y garitones se harían ¡de cartón!, inusuales, y, como luego resultó, por ello siempre objeto de chufla por los jóvenes festeros.

Había presentado ¡siete proyectos! entre dibujos y maquetas. Aquella 1ª maqueta de barro que fue expuesta por la Comisión, tan admirada y aplaudida, se rechazó por exceso de costo. Era un hermoso proyecto de castillo hispano árabe, muy estudiado por su autor para que, conociendo el céntrico lugar de enclave, no impidiera el tráfico vial. Se la quedó D Pascasio López, nieto del ilustre político del siglo XIX D. Joaquín Mª López, ministro y Presidente del Consejo varias veces, y Alcalde de Madrid. Y de los siete proyectos eligieron el que se estaba realizando, que era el más sencillo y el más económico. ¡y todavía lo abarataban!

Contaba como anécdota que cuando ante la Comisión defendía él con ardor la realización de su proyecto con la primera maqueta delante, tan admirada y aplaudida por la población, y mantenía que sería una pena reducirla uno comentó jocoso: “No es problema, con un cuchillo se corta por aquí como si fuera manteca y resuelto.” Arrancó Navarro con la maqueta y salió hacia el hotel dispuesto a no hacer nada más en su pueblo. Pero lo haría, y luego también, aún bajo éste sino, haría más cosas en su Ciudad. Porque sobre su justo enfado campearía siempre su amor a su pueblo en conjunción con su arte. Muchas veces, comentando éstas incomprensiones, éstas miserias de un momento que tantas veces, por el mismo que en su instante las impone, es luego el primero en sentirlas y lamentarlas, decía: “El dinero… no sirve más que para mañana comer, más o menos, y por eso el artista lo olvida.” Y lo repetía para así mismo consolarse.

A.N.S. en la colocación del Castillo

Este castillo fue plantado, con la general expectación y aplauso para las Fiestas de 1953. Se inauguró el día 6 de septiembre después de la misa de 12, a su píe ante la puerta los dos Embajadores Moro y Cristiano, frente a ellos el Alcalde Rocher, Presidente de la Comisión de Fiestas Tte. de Alcalde Guillén, y demás autoridades; rodeándolo las huestes de ambos Bandos festeros, en formación; bendiciéndolo el Arcipreste D, Juan Mañas, que para tales acontecimientos sabia dar toda la solemnidad agradable, con hisopadas por las cuatro fachadas del castillo para que a todo él alcanzara la protección del agua bendita. Y Antonio, pese a todo lo ocurrido, ante la exitosa recepción acalló su nueva frustración por razón una vez más de la economía y siguió la corriente de general contento. Brillaba su comparación sobre el anterior. Se le instaló megafonía y desde entonces las Embajadas elevaron en mucho su rango y su prestancia.

Unos 21 años después el creciente tráfico automovilístico aconsejo instalar el Castillo en otro lugar. Se eligió la Plaza de Santiago pero no ajustaba. Tras unos años, por 1980, se decidió hacer las embajadas en el verdadero, en el hermoso Castillo de la Atalaya, preciosa obra romano-árabe-castellana que desde 1960 se había concertado su reconstrucción por el Ayuntamiento, la Diputación y la Dir. Gral de Bellas Artes y se hallaba ya reconstruido en buena parte de sus almenas y adarves, cuya meritísima reconstrucción continúa, y las comparsas festeras lo han tomado con tanto entusiasmo, al igual que el público, que allí se celebran desde entonces las Embajadas, magnífico espectáculo, sin molestias de circulación, con todo éxito.

Resultado de imagen de vILLENA CASTILLO DE EMBAJADAS
Castillo de embajadas de Antonio Navarro Santafé (foto villenacuentame.com

¿Qué destino ha sido el del castillo de hierro de Navarro Santafé? ¿Tal vez olvidado en algún ángulo oscuro de algún rincón municipal? No. Sabemos que está vivo, prestigiando las embajadas de una afamada localidad festera que lo solicitó al Ayuntamiento y lo cedió en 1989. ¿Sabrá allí alguien que bocetó su airosa línea de regio bastión castellano-árabe el apasionado y magistral arte de un escultor de Villena, que se hizo en Madrid y allí, y en Jerez, Comillas, Guadalajara, Grecia, Berlín, Nueva Orleans, y tantos sitios más tiene puesto de honor para siglos este hijo predilecto de Villena.?

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