17.- Talla. CARROZA-TRONO DE JESUS CAUTIVO

(Parroquia de San Pedro el Viejo. Madrid)

La difusión de los éxitos en arte conocido por los pueblos no se hace esperar. Así, la admiración que produce la carroza procesional de La Bañeza transciende y, a mediado del 1955 recibe encargo de otra carroza procesional, esta vez para Madrid, a donde ha llegado la noticia del acierto de la que hizo 3 años antes para la nombrada ciudad de León.

Muchas veces le oímos describir con entusiasmo estos hermosos trabajos de talla en madera a los que tenía especial estimación. En su Estudio – Museo de Villena se guardan, con el mismo cuidado que él los conservaba, dibujos y planos de esta obra que le colmaba de satisfacción intensa. La realizó conforme la había concebido, por lo que nada mejor para dejarla aquí descrita que copiar la que él mismo hace de su puño y letra a la directiva de la Cofradía en Agosto de 1955.

“ACLARACIONES sobre la Carroza Trono de Jesús Cautivo, en la Parroquia de San Pedro el Viejo.

“Madrid necesita incorporar a la armonía de sus viejas calles la armonía arte y antigüedad de los desfiles procesionales.

“Queda una parcela urbana donde el delirio de la nuevo aún no llegó: un caso de la urbe matritense, silencioso y austero, como corresponde al siglo de los Austrias que dominó al mundo con elegancia y con silencio.

“Queda, esa Plaza Mayor, resonante aun al preciosismo de los Autos Sacramentales; queda, la Cruz de Puerta Cerrada; las Costanillas de San Pedro y San Andrés; las calles del Rollo, del Sacramento, de Puñoenrrostro; el pasadizo del Panecillo, – sirviendo de trasera al palacio episcopal – y por el que todavía se sueña la sombra de un prelado matritense, de sonoro apellido, repartiendo la limosna de pan entre los menesterosos que contestan a la dádiva en con la fragancia de un “Pater noster…”

“Y queda – como un vigía de los Siglos XIII o XIV. la atalaya mozárabe de San Pedro el Real, donde la campana gorda exorcizaba las tormentas que ponían pavor en el alma lugareña de Isidro, el Santo criado de Don Iván de Vargas.

“Concretamente – y ya en el tema de los desfiles procesionales madrileños – queremos referirnos a la olvidada iglesia de San Pedro el Viejo….

“Del desparramado tesoro parroquial, amontonado en ella centuria tras centuria, mucho se ha perdido, pero algo sobrenadó en la riada hasta nuestros días. Fuéronse las pinturas de Rizzi y Palomino; las casullas flordelisadas por el Gremio de Bordadores; la campana sonora y exorcizadora; el busto en alabastro del Obispo Luxan… Pero algo nos queda todavía: ¡La Majestad de Cristo, Redentor y Cautivo, en una bella imagen procesional de todavía buen Siglo XVIII y que por munificencia de la Duquesa de Santiesteban vino al remanso de la vieja iglesia como si quisiera seguir haciendo vivas las palabras de Cristo a su Apóstol titular: =Tú eres piedra y sobre Tu piedra edificaré mi reino.

“Bella imagen madrileña ésta de Jesús Cautivo, conocida por las gentes que viven en estos recovecos antañones con el simbólico nombre de “Jesús el Pobre”. y es que el pueblo, para las obras de máxima belleza, busca los adjetivos de belleza máxima, y así, a este Jesús tan bello – donde se advierten aun los destellos de las gubias castellanas – se hace aun más bello en su Divina pobreza a quien El supo dar categoría de bienaventuranza en el Sermón de la Montaña… He aquí precisos en esta escultura uno de los jalones para los desfiles procesionales madrileños.

“¿A qué recurrir a la obra de ahora, cuando esta obra de antes puede categorizar la noche del Jueves Santo matritense? Todavía, con El en la calle, puede soñarse la grandeza litúrgica de un Madrid procesional, con penitentes y disciplinantes, con cofradías de encapuchados y cirios amarillo; con damas de guardainfante llorosas y arrepentidas bajo sus velos de indiana; acaso con Fray Félix López de Vega sollozando en una esquina sus soliloquios y seguro ¡totalmente seguro! con las palideces de Felipe y Margarita asomados, tras un terciopelo negro, al balcón mayor de la Panadería…

“De todos modos, para que estas devotísimas imágenes antiguas, luzcan en el momento actual su imponente hechura, y entonen con la hora canónica del crescendo vital, deben y pueden ser engarzadas en lo que llamaríamos “el trono de eternidad que las perenniza”.

“Quedan lejanas y anticuadas las pobres andas escalonadas con que nuestros abuelos organizaban los sacros desfiles. Vivimos la hora del movimiento suntuoso, y a Cristo que se mueve por nuestro amor, hay que darle también el vuelo y el asiento excepcionales, para que su andadura transfigurada no resulte ni anacrónica ni desplazada, si no que en pura teología y en ni anacrónica ni desplazada, si no que en pura teología y en exacta mecánica conforme requieren tradiciones viejas y métodos nuevos.

“Todo los resuelve la CARROZA o CANASTILLA PROCESIONAL.

Jesús, el Pobre: la escultura madrileña que un día donara a la feligresía de San Pedro el Viejo la ducal munificencia de una Santiesteban, necesita acrecentar la bienaventurada pobreza de su hermosura sobre un trono rodante, que sea – en su barroquismo – como el alma encendida y coruscante de Madrid, que se echa a gemir contrición con lágrimas de oro, por aquel laberinto de calles enmarañadas por donde sonó acrósticos de amor nuestro Señor Rey poeta, Don Felipe el cuarto.

“Digo “en su barroquismo” porque solo barroca puede ser la canastilla de Jesús el Pobre. Porque barroco es Madrid, de sus templos a sus palacios; de sus fuentes a sus jardines; de las velas de cera rizada al pañizuelo de encaje con que juegan las damitas de medio manto. Barroco Madrid “en el triunfo de sus formas que vuelan” y que ya están determinadas en los ángeles arrebatados que guiaban el arado de Isidro, – tal que una visión del Greco – y en las siete estrellas de su escudo, que no se sabe si fueron celeste madroños en ignición o vegetales estrellas nacidas en las puntas del Guadarrama que jardinean el cielo..

“Sí: Jesús Cautivo, de la Parroquial más vieja de Madrid, necesita – para su glorificación procesional – una magna CARROZA a lo barroco madrileño. Así se la ha soñado – visto ya – el que esto escribe:

“Alcese su arquitectura sobre un cuerpo de planta rectangular, remetido en su lados centrales y combados en su coronación, imprimiéndole con tales corbaturas y remetimientos ese aire desasosegado, a fuer de equilibrio, que caracteriza la esencia del barroco matritense. Toda esta caja revístase de guarnecidos transparentes que derramen un dosel de frutas, flores, conchas, hojas, cartelas, relieves que, dando la mayor sensación de opulencia, no empañen ni dificulten la visión arquitectónica que seguirá fiel a sus líneas dejando entrever, tras el dorado boscaje de los símbolos, la traza armónica de la nave, atenida al más puro rigor canónico del estilo propuesto. Fina cristería rematará el casco de esta nave; cristería calada en celosía y combada en grandes salientes de hojas, conchas y volutas, abiertas alegóricamente en aureolas laterales, para el entalle perfecto – en medallones y cartelas – de los adorables símbolos de la Redención, que van de la Corona a los Clavos; de estos al Flagelo; de aquí a la Columna; de ella al Gallo de la Negación, en una escalofriante teoría de Pasión que, ganando los ojos, entra alma adentro para imprimirse…

“Entiéndase que toda la carroza – como a tan Divino Viajero pertenece – va apretada en pan de oro que, en aguas brillantes o mates, responda al sortilegio de la luz procesional. y estofados, cincelados y policromados, en esa maridaje perfecto que hace de la imaginería española una “summa artis”, y que va a convergir en las dos cartelas, frontal y posterior, – proa y popa de la nave – para sesgar el aire delantero con el escudo de la Cofradía, y dejar, atrás, un reguero de madrileñismo con el blasón estofado de la coronada Villa…

“Más detalles podríanse añadir en este bosquejo sucinto. Medallones con relieves de las escenas del gran Drama Sacro: “el beso de Judas”; “María y el Hijo muerto”, en una plasmación del Stabat Mater; el vuelo del “Angel del Huerto “..tantas y tantas cosas como el pulso enfebrecido de este imaginero podría sumar para consuelo de su fe, y para decoro ornamental de la Canastilla de Jesús el Pobre, que debe vogar en la noche de Pasión madrileña, sobre el ascua encendida del maderamen y el oro español sublimados, una vez más en honor del Redentor Augusto…

Se conmoverían a su paso las angostas calles, idénticas aun al plano de Teixeira. …Calles del Nuncio; Redondilla; Mancebos; Plaza de los carros; Rey Don Pedro; pretil de Santisteban; Almendro; Cavas de los Gitanos… todas ellas como un cíngulo de esparto negro, apretando el bloque de oro donde navega el Señor… Palacios de la Romana; de los Lasso de Castilla; de Miraelsol; de Iván de Vargas, todos con negras bayetas en los balcones oxidados, rindiendo el tributo de sus blasones al Señor que pasa en su trono de gloria y de suplicio…Campanas de San Pedro, san Andrés, el Sacramento, las Carboneras, San Justo, San Francisco, todas con la copa boca arriba, en un silencio funeral ahogado de luna, mientras se desliza el Paso procesional donde avanza hacia la Vida el Divino reo de Muerte

“De lejos, la Canastilla no es un calvario de sombra, sino un Tabor de oro… Jesús el Pobre, que va al Gólgota, necesita llegar a él en un Tabor… Y el Tabor de Jesús Cautivo, de la vieja Parroquia madrileña de San Pedro, solo puede ser la CARROZA o CANASTILLA procesional que éste imaginero, soñador y devoto, deja aquí preanunciada.

Y la termina con su firma y rúbrica ANTONIO NAVARRO.

El detalle de barroca belleza que se aprecia en las fotografías que ilustran esta crónica, testimonia toda la galanura que su tallista, enamorado y enriquecedor de su arte, plasmó en esta nueva obra que pudo hacer trabajando con su desbordada ilusión la noble madera.

Tenía por la talla en madera un amor especial. Tal vez una especie de “amor propio”. Nunca olvidaba, más como acicate que con rencor, el comentario de aquel personaje paisano de su pueblo que por preferir a un tallista de Valencia cuando a él se le encargaba la talla de su Virgen en 1939 alegaba que: “Navarro solo sabía hacer toricos.” y cada vez que hacía una talla, nos decía que el éxito lo brindaba a su memoria. Cuando en 1955 la genialidad y maestría de su arte hacia filigranas barrocas para embellecer y arrancar admiración de una carroza procesional pasionaria, en el momento de un Madrid que con alentado entusiasmo secundaba la idea de sumarse en su altura a las famosas semanas santas españolas, él aportó la maravilla imaginera de esta bella variante de su arte al Madrid que más amaba y le era como una caricia que agradecía al recontar, ya mayor y enfermo, su obra, ver que allí también dejaba constancia de su arte tallista, prodigado en tantos otros lugares

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