18.-. CONDE DE MAYALDE. Madrid. Talla en madera. Románica. Policromada 92 cm

INVITACIONES DEL CONDE DE MAYALDE – Estatua ecuestre del

VIZCONDE DE RIAS – Busto del

CONDE DE MAYALDE – Profesor de Dibujo del

COLEGIO DE SAN ILDEFONSO.

CONDE DE MAYALDE. Madrid

Antonio Navarro Santafé decía siempre que el conde de Mayalde había sido su mecenas. Siempre hablaba de él con la mayor devoción. Y nos contaba cómo fue el conocimiento, sus relaciones y sus favores.

En la ESCUELA FABRICA OFICIAL DE CERAMICA. de Madrid.

foto-9Cuando hizo el busto al Conde de Jordana, el Director de la Escuela, Sr. Alcántara, lo vio y, sorprendido y entusiasmado ante la calidad de la obra y la exactitud del retrato le dijo: “Tendremos que hacer grandes cosas. “Días después volvió sobre ello preguntándole que precisaba para hacer un busto atendiendo bien el parecido, contestándole Navarro que, para empezarlo, solamente fotografías. A la semana le entregó unas fotos de una señora que le dijo era la esposa del médico de D. Raimundo Fernández Cuesta. hizo el busto en barro cocido, se lo entregó a su Director y nada más supo.

Por entonces -1953- había anunciado visita a la Escuela el Alcalde de Madrid, que era el conde de Mayalde. Aquella Escuela y Fábrica Oficial de Cerámica, de la que Navarro era Profesor de Modelado, dependía o depende, en cuanto a Enseñanza, del Ayuntamiento de Madrid y, en cuanto a la Fábrica, del Ministerio de Educación nacional así llamado entonces. para ésta visita la Dirección había solicitado del Profesorado la exposición de trabajos de los alumnos o que estuvieran en adelantado período de ejecución. Entre los de su Clase se le ocurrió colocar su estatua ecuestre del Caudillo que tenía Patentada, de la que ya hablamos en otro lugar, y el busto en barro cocido de la señora del médico de Fernández Cuesta que acaba de terminar. Todo el Profesorado, que era muy amplio, había preparado una muy interesante gama de trabajos para la visita.

El Conde de Mayalde se entretuvo, de manera muy notable, ante el busto, que miró de frente y por los lados sin ocultar su admiración terminando pro preguntar por su autor. El Director Alcántara le presentó al Profesor de Modelado, Navarro Santafé, y el Alcalde le felicitó por aquella obra con destacada simpatía. Días después el Director, comentando la visita del Alcalde, propuso a Navarro Santafé que hiciera un busto a su esposa,

la Duquesa de Pastrana, lo que seguro que le agradaría por lo que le había gustado el expuesto, y por lo que podría redundar en beneficio de la Escuela y del Profesorado, que andaba muy apretado en aquellos años de dificultad y escasez en toda la nación. Lo aceptó Navarro y le pidió al Director que le consiguiera algunas fotografías de la Duquesa. Con ellas en su poder puso manos a la obra y cuando la tenía suficientemente adelantada le dijo a Alcántara que quedaría mejor si consiguiera hacer venir a la Duquesa a posar. Lo consiguió y le fue a posar varias veces, por cierto las más llegaba vestida con traje de montar. Desde el primer momento le habían pedido a la Duquesa que guardara el secreto para darle la sorpresa al Conde, y lo aceptó con complacencia. Cuando lo tuvo terminado, también en barro cocido, a la hora preanunciada por la Duquesa fueron a llevárselo al Conde el Director Alcántara y él, a su casa, al Palacio de los Duques de Pastrana en Madrid. Mucho gustó al Conde de Mayalde éste obsequio, que calificó de delicado detalle al hacer el busto de su esposa como aquel otro que él había admirado, y más en éste que él podía testimoniar el logro del parecido ya que, dijo, era un vivo retrato. Dio las gracias, especialmente al escultor que, como Profesor ganaba 450 pesetas mensuales en la Escuela, pensó que tal vez le subieran el sueldo. Pero de esto no hubo nada.

Sí hubo, porque, cuando poco después llegaron las Navidades se asombró que en la víspera, tras una llamada a la puerta de su humilde Estudio, aunque sí amplio y suficiente, (entonces la calle no estaba tan urbanizada como ahora) al abrir entró un señor que le preguntó si allí estaba el escultor Navarro Santafé y al decirle que era él pidió permiso para salir un momento y en seguida volvió a entrar portando la más grande cesta de Navidad que Navarro había visto en su vida en ninguna parte. Era para él. Se la mandaban con su felicitación de Pascuas el Conde y la Duquesa. Tan emocionado quedó que todo el dinero que llevaba en el bolsillo, un billete de 50 pesetas, se lo dio al emisario. Volumen de propina que jamás pensó que pudiera dar nunca y en ese momento dio sin titubear.

Llamó a Celia, su esposa, y ambos se quedaron contemplando aquella maravilla. Y salió corriendo para traerse al fotógrafo del barrio para que le hiciera una foto a aquella inimaginada y soberbia cesta suya, que con amor conserva. Luego él y su esposa, entre asombro y asombro, fueron destapando aquella sorpresa: dos jamones de Jabugo – desde entonces decía Navarro que supo lo que era jamón, jamón -, embutidos, conservas, dulces, turrones, dos cajas de bombones, licores, champagne de Pomeri, vinos y también dos cajas de habanos. Le escribió una carta de agradecimiento al Conde, llena de emoción y agradecimiento. Con ella le enviaba lo único que tenía para darle. Se lo expresaba al final de la carta.

“Me permito enviarles éstas fotos de algunos de mis modestos trabajos como gratitud a la delicadeza atención que han sabido dispensarme.”

INVITACIONES DEL CONDE DE MAYALDE

Y hubo más, porque después de Navidad recibió una invitación del señor Conde para pasar un fin de semana en su finca El Castañar, el gran Palacio que tiene en su coto de caza en la provincia de Toledo, junto al río Tajo, muy cerca de la imperial Ciudad. Allí le dieron una habitación en un torreón octagonal, grande, llenas las paredes de cuadros de caballeros con armaduras; con una gran cama rematada con copeta y escudo coronado. Todo tan impresionante para nuestro sencillo escultor, desde su origen campesino y lugareño habituado a la pobreza tan lejos siempre de éstas suntuosidades que, agradecido y pensando en cómo podría responder convenientemente a éstas atenciones que le hacían tan altos señores, y también por el obseso mirar a los soberbios personajes que desde sus cuadros lo miraban, se pasó toda la noche sin dormir.

Tan orgulloso estaba de aquella invitación que me entregó un ABC que guardaba porque venía un reportaje sobre el Conde de Mayalde, “El Alcalde, agricultor y ganadero”. Comienza así:

“Casa con raíz, montada en la loma que al sur mira Toledo y por diversos puntos de la Rosa cruza los duros montes sobre el valle dulce del Tajo y al abrigo de cenobio francisco en el que pasó las cuentas de su rosario el cardenal de Castilla, la del alcalde de la villa manchega que se hizo Corte, y Corte famosa, y va labrándose ciudad con el esfuerzo de avecindados y madrileños. Es, como debe ser, que el alcalde de un pueblo de pan y vino tenga entre gules la encina, y que su vieja aristocracia sienta el orgullo de la tierra y del ganado que la puebla, amen de tres millares de perdices, ciervos en la braña y alguna liebre de añadidura. Este es “El Castañar”…” (Lamento no conocer el nombre de quien lo escribió porque solo tengo la primera hoja del reportaje.) Y de las varias fotografías en huecograbado que lo ilustraban, una a media página era “El palacio del “Castañar” sobre “jardines y monte.” y de su puño y letra tiene escrito, señalando con una raya la ventana del gran torreón octogonal de la fachada principal, sobre los cuidados jardines a la inglesa: “aquí dormí con el fin de semana de los Condes de Mayalde.”

Es perfectamente comprensible su satisfacción, y más cuando aquella invitación se repitió varias veces, ganados sus ilustres mecenas por su sencillez, su natural nobleza y su mérito artístico. Entre los papeles que nos dejó vemos varias invitaciones a monterías a celebrar en las manchas de “El Bu”, “Los Castaños” y “La Solana de la Garganta”, parajes de “El Castañar”, con las listas de las Rehalas con 20 nombres de la aristocracia, encabezada por S.A.R., y listas de Cazadores hasta 78, altezas, duques y duquesas, marqueses y marquesas, condes, ilustres nombres que parecen entre la élite de la nobleza española; máximos grados del Ejército, presidentes de la alta Banca, ministros, artistas famosos y entre esa larga lista, el número 60, “Sr. Navarro Santafé”.

Es natural que estuviera lleno de agradecimiento. Pero ocurrieron tan tremendas cosas en una de ellas, la de 1955, que dañaron para siempre tan querida familia y su dolor lo expresó con la exquisitez de su arte, que vemos ofrecido de la manera más delicada. Así me lo contaba él:

Me comenzaba su relato recordando que tras su primera noche en “El Castañar”, sin dormir por lo anteriormente dicho, en la cacería del día siguiente cumplió con diez perdices y tres liebres, precisamente con la escopeta de la Duquesa de Pastrana que, como siempre atenta a todo, le cedió al ver que él no llevaba. Cuando al felicitarle el Conde por tal resultado él le contó que se había pasado la noche en blanco, su anfitrión le dijo que es proverbial que para tener buena puntería hay que sufrir insomnio la noche anterior.

El ambiente de bienestar y alegría se vio trágicamente roto aquel infausto fin de semana por la gran desgracia que sufrió la familia al perderse en las aguas del Tajo, exactamente en Añover del Tajo, el hijo mayor, Rafael Finat y de Bustos, Vizconde de Rías, en compañía de un primo suyo, Marqués de las Asprillas, hijo de los Duques de Andría, ambos de unos 20 años, solteros, que navegando por el río en un bote de goma se hundió y perecieron ahogados. Era el 25 de Febrero de 1955. Los cadáveres estuvieron varios días sin aparecer, pese a la numerosa búsqueda, sumiendo a todos en una angustiosa incertidumbre en la que acompañó a los padres, conmovida, España entera.

Estatua ecuestre del VIZCONDE DE RIAS

Se había mostrado muy cordial la Duquesa al visitar las cuadras el caballo “Apolo”, un pura sangre inglés, como que era el caballo preferido de su hijo Rafael. Y la noche del día de la desgracia tampoco pude dormir, además de por la impresión de ésta, porque soñando y soñando todo lo relacionaba con mi deseo de demostrar algo que pusiese de manifiesto mi espíritu agradecido y se me ocurrió, y lo vi como en sueños despierto al Marqués de Corvera – ya se le llamaba así por éste título que estaba destinado a heredar – montado en su bello “Apolo”…

Lo habló con la Duquesa, que le pareció bien, y le pidió fotografías del hijo, conviniendo ambos no decir nada a nadie, llevarlo en secreto, para dar al Sr. Conde una nueva sorpresa. Ya en Madrid pronto vi realizado mi sueño. Para completar el estudio anatómico del “Apolo” a mi petición si fuera posible mandó traer el caballo al palacio en Madrid de los Condes de Mayalde y allí di fin al modelado en barro de la estatua ecuestre.

Justamente cuando yo terminé de modelar la estatua ecuestre del joven Marqués aparecieron los cadáveres de los dos primos. Fuimos todos inmediatamente al lugar del hallazgo y allí los vimos, envueltos en lodo y algas, sacados del fondo donde la reja de una presa había sujetado los cuerpos. Yo mismo me acerqué por si pudiera ve algún detalle del rostro, pero nada estaban ambos totalmente desfigurados. El Conde se inclinó severamente ante el que le dijeron era el cuerpo de su hijo para reconocerlo entre aquel fango que lo cubría. Solo una medalla de oro de la Virgen del Castañar pendía de una cadenita y por éste detalle reconoció el Conde que era su hijo. Tomó entre sus dedos la medalla y dijo estoicamente: “Es él.” Me impresionó su entereza. Ni una exclamación; ni una lágrima.

Se hizo el entierro. A los pocos días los Condes emprendieron su viaje a Jordania, invitados por el Rey de aquel país, cuyo viaje habían suspendido por el luctuoso acontecimiento.

Sin embargo, cuando le entregué el grupo de su hijo montado sobre su caballo “Apolo”, que a petición mía mandó traer la Duquesa desde El Castañar y lo tuvo en una dependencia de su casa de Madrid para que yo tomara apuntes directos del noble animal; al ver la estatua de su hijo, tan propio él como ya me había dicho la Duquesa, entonces sí, entonces ante nosotros lloró, sin poder contener las lágrimas.

Me sugirieron verterlo a bronce lo que hice en su ausencia y antes de su regreso se lo envié a su casa terminado. Me escribió Don José Finat y Escribá de Romaní una carta el 3 de agosto de 1956, en papel todo orlado de luto, diciéndome:

“Mi querido amigo: Con verdadera emoción le escribo porque al llegar ayer a Madrid nos encontramos la maravillosa escultura que ha hecho Vd. a mi hijo (q.e.p.d.). Nos impresionó mucho a todos, y lo mismo a los servidores antiguos que le conocían. El bronce tiene gran valor y creo que artísticamente tendrá un gran éxito. Mi mujer y yo le enviamos la expresión de nuestra renovada gratitud. Póngame a los pies de la señora y reciba un abrazo de su buen amigo, José Finat.”

Navarro había tenido el honor de recibir en su casa la visita de sus egregios mecenas. Entre sus papeles hay una preciosa cartulina doble de Nuestra Señora la Virgen de la Almudena, felicitación de Navidad y Año Nuevo de diciembre de 1953 que, de su puño y letra escribió al dorso: “DIA GRANDE. 13 de octubre visitaron mi estudio el Alcalde de Madrid y Señora.” Y las distinciones de afecto siempre le iban acompañadas de efectivas compensaciones. A la carta anterior contestó con otra que bien lo revela. Le dice:

“Mi distinguido y respetado amigo: “La tarde de ayer tuvo para mí la gratísima sorpresa de recibir un recuerdo económico debido a la cariñosa solicitud de Vd. para conmigo y mi leve obra. Si efectivamente la economía importa tanto en estos tiempos, y más en la vida artística siempre difícil, no es ella – la distinción económica – lo que me mueve a escribir a Vd. sino lo que ella representa de recuerdo y de atención exquisita a quien tuvo la honra de poner lo más fervoroso de su pulso en la plasmación del perfil de su hijo desaparecido de la tierra y ya en gozo de Dios. Con mis respetos para la Señora reciba, pues, mis mejores gracias por lo espiritual del recuerdo y lo material del obsequio, y sepa Vd. estoy siempre a su disposición honrándome en estrechar su mano affmo. como servidor y amigo, suyo A. Navarro Santafé.”

Retrato del MARQUES DE LAS ASPRILLAS

La delicadeza de su carácter le movió a no olvidar al sobrino del Conde, que había muerto con su primo en la tragedia de Añover del Tajo y le hizo un retrato de barro con la característica de su arte y logro del gran parecido. Se creía obligado por las atenciones recibidas con reiteración. Conocemos la existencia de ésta obra por la minuta de la carta que el 15.11.56 dirige a la

“Excma. Sra. Dña. Casilda Figueroa, “Duquesa Viuda de Pastrana. Distinguida Sra. mía: Su nieto Alvaro me trajo el excesivo obsequio de Vd.; excesivo para una obra que solo fue hecha por el sincero afecto que les profeso, y que por ser afecto de artista ya tiene en él mismo su compensación. Quiero darle mis mejores gracias; mis más sinceras y expresivas. Los Pastrana fueron siempre mecenas, y yo puedo decirlo hoy, que aun cuando los tiempos pasan, quedan los linajes y con ellos sus españolas virtudes. El haber pasado horas en compañía de Vds., de sus hijos y nietos era bastante, y más que bastante, para sentirme compensado por el trabajo hecho; trabajo que empezado y acabado con amor no puede cansar. De todos modos Vd. ha querido añadir su generosidad que yo acepto con la cordialidad con la que fue hecha y por la que expreso aquí mi reconocimiento. Besa su mano con el fervor de siempre su affmo. ss. A. Navarro Santafé.”

En diciembre de aquel año es invitado a otra Montería en El Castañar. Parece que era necesaria porque, al suspender las cacerías por la tragedia familiar, la caza había proliferado tanto que los ciervos se acercaban con exceso al palacio de tantos que había. La estatua ecuestre en cobre galvánico del malogrado Marqués de Corbera, titulo que ya se le daba porque lo iba a heredar sobre su título de Vizconde de Rías, presidía el gran salón. Fui muy felicitado.

Ahora ya va bien equipado y con una buena escopeta de su propiedad. Las atenciones de los anfitriones se multiplican con él.. Allí se encontraba el Príncipe Don Juan Carlos, futuro Rey de España, y toda la plana mayor de los grandes monteros. Su alternancia con los relevantes invitados le tiene que ser útil en lo profesional y, naturalmente lo estima como donación de los Condes. También le resulta útil en lo particular porque, en esa Montería hay un invitado con el que afortunadamente ha tenido más relación, Don Juan Lillo Orzás, Delegado del alumbrado del Ayuntamiento de Madrid. Y en charla amistosa salió en la conversación que él no tenía coche y le gustaría tener un “seiscientos”. Con sorpresa oyó que le interrumpía: ¿Para cuando lo quiere? Me pareció que era excesivo para mí decir nada por si aquello era una broma. Pero me dio una tarjeta y al leerla vi que decía: Juan Lillo Orzas, Presidente de “SEAT”. Y efectivamente tuve enseguida el “seiscientos” y tras alguna vez más en El Castañar también su amistad. Creo que fuimos grandes amigos. Él, con su influencia, me construyó un Estudio de 10 X 9 m. en el cual realicé importantes obras: tales como el Monumento de BERLIN; el “OSO Y EL MADROÑO”; la reconstrucción del monumento de Bravo Murillo, el MONUMENTO AL CABALLO, de Jerez; una “SIRENA”; dos “CAPRAS HISPANICAS”; un “GAMO” y un “MANOLETE”. Dicho Estudio fue dentro del solar, en el mismo sitio de los Talleres de Cantería del Ayuntamiento, cuando yo ya estaba empleado en él como MAESTRO CANTERO.


Busto del CONDE DE MAYALDE

No podía faltar ésta obra a su mecenas. No vemos documentación sobre ella, pero en su Estudio – Museo, ahora Municipal del Ayuntamiento de Villena por donación de su esposa a su fallecimiento, figura un gran busto en escayola del Conde de Mayalde, que los que lo hemos conocido vemos como vivo en él por su gran acierto en el parecido, – don inmenso de Navarro – a D. José Finat y Escribá de Romaní, durante aquel buen período de años ilustre alcalde de la Villa y Corte, que por siempre tendrá sitio de honor en él, tanto por ser obra artística de mérito como por el recuerdo de su bondadoso mecenazgo a nuestro escultor, del que tan satisfecho y honrado éste se sentía.

Imagen de la VIRGEN DE EL CASTAÑAR

Entre los papeles de Navarro vemos también testimonio de haber hecho ésta Imagen, sin conocer nosotros cómo sería. Pero una gran cartulina felicitándole las Navidades y Año Nuevo, fechada a mano en El Castañar, diciembre 1959, la hermana del Conde de Mayalde, que me dice Celia, la esposa de Navarro, estaba muy enferma y así lo parece por su muy temblorosa letra, todo escrito a su mano le dice: “Condesa de Finat y Csa. de Villaverde. La Imagen me ha gustado muchísimo.” Sobre su pedestal, la Virgen de la Blanca del Castañar.

LA VIVIENDA

El 13.2.57 le escribía el Alcalde de Madrid, en papel particular, comunicándole que consecuente con sus deseos la había sido adjudicada la vivienda del piso 2º D. de la Avenida de los Toreros nº 16. Celebraba haberle podido complacer. Y así fue porque desde entonces vivió allí feliz nuestro escultor y en él sigue viviendo su esposa con todos sus recuerdos, munífica cada vez mas en su donación al Estudio – Museo de Villena.

Profesor de Dibujo del COLEGIO DE SAN ILDEFONSO.

TOP

Un día iba andando por la calle Fernando de los Ríos. El conde en su coche lo vio y mandó parar al chófer a la altura de Navarro y le llamara. Bajó del coche a la acera y quitándose gentilmente el guante le dio la mano y le dijo:

– “Después de mi carta al regresar de Jordania no le he visto y deseaba hacerlo para felicitarle personalmente por su bello trabajo en la estatua ecuestre de mi hijo. Es un trabajo de mérito y su visión me consuela.

-“Señor, le contesto Navarro: trabajo que se hace con amor no es trabajo.

-¿Qué puedo hacer por usted? ¿Está contento en la Escuela?

-“Solo cobro sin ir por allí, lo que me da vergüenza, porque Alcántara se portó muy mal.

– “Vaya usted a verme al Ayuntamiento.

Fue Antonio y en seguida le recibió dándole una carta para el Director del COLEGIO DE SAN ILDEFONSO, donde, desde aquel día, ha estado 18 años como Profesor de Dibujo.

Profesor CANTERO en el Ayuntamiento

Además le incluyó de Profesor Cantero en el Departamento Municipal de Vías, Circulación y Transporte, para hacer estereotomía de la piedra facilitando la labor de los canteros municipales.

Además en el mismo recinto autorizó al ingeniero D. Juan Lillo Orzás, con quien era gran amigo desde El Castañar, a levantar un hermoso Estudio como antes expliqué, colocando su galvanoplastia y con expresa autorización para que, fuera de la jornada de mi trabajo municipal, pudiera utilizarlo para obras mías. De donde salieron, con mayor facilidad para mí, las grandes obras del Oso y el Madroño y los caballos de Jerez. Y salvo naturalmente, la hora por la tarde que tenía de Clase de dibujo en San Ildefonso.

Desde entonces, todos los disgustos de la Escuela de Cerámica y el fantasma de Alcántara desaparecieron y era y fue feliz hasta el final en su nuevo ambiente y destino. Allí preparó también su EXPOSICION CINEGETICA, sobre la que por su importancia al igual que de sus otras grandes obras hablaremos bajo título expreso de ellas.

Conforme ordenaba definitivamente su vida y triunfaba con sus creaciones entre selectos compradores, le ganó cada vez más fuerte el deseo de hacer algo para Madrid. Y le animó el Alcalde, que estaba por 1963 con el proyecto de trasladar el “ZOO” a la Casa de Campo. 6 kilómetros de extensión, le decía en una interviú a un periodista del diario “Madrid” el 6.3.63. La entrevista es en su casa, que titula “Hogar, dulce hogar” y “Un Alcalde en busca de “Zoo”. Y la termina el periodista así: “Al despedirnos, el alcalde nos muestra orgulloso un bronce del escultor Navarro Santafé. Es una escultura ecuestre de su hijo fallecido.”

Pues bien, con tal idea vemos una crónica en el diario ABC guardado por él, 29.4.1961, de la Sesión municipal del día anterior en la que el periodista comenta: “Por último, mostró a los informadores (el Alcalde) un grupo escultórico, representando la LUCHA DE DOS CIERVOS, obra del profesor de la Escuela Municipal de Cerámica, Sr. Navarro Santafé. Esta escultura reproducida a tamaño natural, será instalada en las proximidades del Parque Zoológico.” Hay una nota de su puño y letra en la hoja del periódico que dice: “fracasó por culpa de Alcántara (Director de la Escuela) y de su amigo el arquitecto siendo aquel jefe de Protocolo del Ayuntamiento.”

Pero seguía en su idea de una obra para Madrid. Con fecha 12.2.62 vemos la minuta de una carta al Alcalde en la que, con todo su respeto y afecto, asiente a lo que por su contexto parece una discusión sobre competencias y honorarios, en el proyecto de levantar en el Parque del Retiro un “Estanque con el grupo venatorio de ciervos.” Le dice que acepta las 50,000 pesetas indicadas con la propuesta que se le hizo a limitar su trabajo a modelar el grupo venatorio de ciervos, excluyéndole totalmente del de fundición y del arquitectónico. Todo lo cual acepta solo por ser un proyecto grato al Alcalde.

Otra minuta de carta del 25 octubre le recuerda al Alcalde que está pendiente de la confirmación oficial para iniciar el trabajo. Que si fuera para él con lo hablado tendría bastante, pero siendo oficial y las discusiones habidas está esperando la confirmación para empezar.

Más que nada era salir de la duda de aquel compromiso, para adentrarse en los trabajos que ya por entonces se le acumulaban. Su respeto y devoción al Conde fue en todo instante hasta el último de su vida en que seguía reconociendo su favor. Para él el Conde de Mayalde fue su gran mecenas. Y lo repetía.

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