20.- Enterramiento del CONDE DE RUISEÑADA.

Comillas
Un día del año 1959 recibió invitación para pasar a visitar a la Condesa viuda de Ruiseñada en su casa de Madrid. Me dijo lo había hecho por indicación de la Duquesa de Marchena. Había tenido ocasión de ver en el cementerio de Poyoe, en San Sebastián, al imagen de la Virgen que en mármol blanco había hecho para el enterramiento de la hija de los Duques y le había gustado mucho. Quería que le hiciera la imagen de la VIRGEN DE LA ASUNCION para el enterramiento que proyectaba para su esposo, recientemente fallecido. Había convocado un Concurso entre arquitectos y el que más le gustaba era el del arquitecto Altuna, de San Sebastián, y para facilitarme el estudio de la imagen en consonancia con el mismo me lo dejaba. Quedamos en que haría un boceto y ella misma enviaría a recogérmelo en la fecha próxima que acordamos.

Yo no conocía a los Ruiseñada, aunque con el nombre de presentación de la Duquesa de Marchena ya era para mí mas que suficiente, pero además, coincidió que poco después llegó mi amigo Pacheco, descendiente de los Marqueses de Villena, y me informó de tan alta familia. Aunque fue noticia sensacional en la prensa, pero yo no conocía, me contó el fallecimiento del Conde de Ruiseñada. Me dijo que habían estado los Condes en la boda del Príncipe Raniero de Mónaco con la famosa actriz norteamericana del cine Grace Kelly. Regresaban de Mónaco directos a Palma de Mallorca, a heredar o tomar posesión de la herencia del Marquesado de Comillas y el Condado de Güell. Iban al palacio de Güell que tienen en Mallorca. En el mismo tren se sintió enfermo y allí mismo murió el Conde de Ruiseñada. Entre honrosos títulos me dijo que le gustaba el de ser Secretario de la Realeza Española. Hacía sobre un año del triste suceso.

Se puso a trabajar con deseo de complacer en todos los sentidos. Lo quería pronto. cuando terminado el dibujo de su VIRGEN DE LA ASUNCION, para hacer el presupuesto lo había encajado en el proyecto que le dio del arquitecto concursante le pareció pobre aquel proyecto para obra así en tan gran Casa, y jugando con el lápiz sobre el acoplamiento en él de su imagen fue dibujando un nuevo retablo por propio capricho, encajándolo en lo que él creía digno para la alta familia de los Ruiseñada, Güell y Comillas. Por coincidencia llegó en aquel momento a su estudio el hombre de confianza de la Condesa, a recoger el boceto de la imagen y presupuesto y, al ver el dibujo del retablo lo tomó diciéndome: “Esto para mi Condesa”. Protestó Navarro que tal dibujo era impulsivo y hecho como simple entretenimiento para sí mismo, por no gustarle el que le habían dado para acoplar su estatua y que ni siquiera estaba terminado. No le hizo caso, se lo llevó y se lo mostró a la Condesa. A la Señora le gustó tanto como al encargado. Entonces estaba en su palacio de Comillas y ordenó se me invitara a ir allí.

A los pocos días le llamó el Marqués de Comillas, hijo de la Condesa, manifestándole que “ese proyecto no se llevaría a efecto por ser demasiado grande, pues los que hay en la girola de la iglesia del palacio de Comillas son más pequeños.” Que me enviaba un billete cama para el Expreso del día siguiente a Comillas para que conociera el sitio. Hice el viaje en compañía del Marqués, D. Alfonso Güell y Martos; del director del Banco Atlántico; del Rector de la Universidad de Comillas; de su Administrador y hombre de confianza a quien por haberle arrebatado aquel dibujo le debía el viaje.

La Condesa esperaba impaciente a Navarro para encargarle, según inmediatamente le dijo, el total de la obra, retablo y estatua de la Virgen de la Asunción de la que primero le había hablado. Lo había hecho pasar a la Biblioteca. Navarro quedó sorprendido. Le preguntó incluso por “cuando lo tendría todo”. Y así, sin entrar en Concurso, con un simple dibujo imaginativo, se llevó el trabajo, al recibir de tan decidida y rápida manera, directamente, el encargo de la totalidad de la obra. Aun se emocionaba Navarro cuando me contaba el dialogo:

– “¿Cual es todo, Señora? porque yo entendía que era solamente la escultura de la Virgen de la Asunción sobre la estampa que me disteis.”

– “No, no. Es todo; toda la obra. Me gusta el dibujo del retablo, me gusta su dibujo de la Virgen de la Asunción, que espero será tan bonita como aquella Virgen gótica de los Duques de Marchena, en Poeye.”

– “¿Pero no tenía convocado usted un Concurso para el retablo?”

– “No se preocupe Navarro. Ya está resuelto el Concurso. Todo lo debe hacer usted como lo veo en su dibujo.”

La Condesa me lo ha encargado. Le doy las gracias y así lo haré. Luego me enteré que los demás arquitectos que habían asistido al Concurso, especialmente el arquitecto Altuna, protestaron. Sobre todo alegaban que yo, como escultor, no estaba autorizado para construir y montar una obra arquitectónica. Pero la Condesa dijo que en su casa mandaba ella. “En mi casa mando yo”, me dijeron que repetía.

Mi aceptación de la obra total supuso tratar, aunque ligeramente, las condiciones de materiales, precio y tiempo de ejecución. De vuelta a Madrid se hizo el Contrato el 20 de mayo de 1959 que firmamos la Condesa de Ruiseñada y yo en las tres páginas de que consta. Plazo de ejecución nueve meses a partir de esa fecha. Precio total 500,000 pesetas en 6 plazas, conforme entrega de la obra, con un adelanto de 150,000 pesetas

.

El detalle de lo más importante del Contrato, cuyo documento me entregó Navarro mientras me relataba sus avatares en esta obra, es en síntesis el siguiente:

a) TUMULO en mármol de 2,60X1,30X1,28m;

b) DOBLE ESCALINATA en mármol: 3,00 X 1,30 X 0,375 m;

c) ARCO DE MEDIO PUNTO ARCHIVOLTADO, en piedra:5,40X2,70X0,20;

d) DOS JAMBAS en piedra: 2,90X0,27X0,20m.;

e) DOS ESPIGAS en piedra: 5,10X0,26X0,38 m.,

f) DOS ANGELES en piedra: 0,75 m.;

g) VIRGEN DE LA ASUNCION en mármol de 1,75 m.;

h) MENSULA para apoyo de la Virgen, mármol 0,66X0,40X0,70 m.;

i) PAREDILLA en sillares de piedra, 4,25X2,70X0,05 m.;

j) DOS ESCUDOS NOBILIARIOS en mármol, 0,66Xo,40X0,07 m.;

k) PLANCHAS DE MARMOL para el interior del sepulcro;

l) MONTAJE Y TERMINACION.

“Labrado en mármol blanco del “País”, del tipo denominado “del Tranco”, de primera, escogido lo más limpio y compacto que se encuentre, y piedra de Almorquí de primera…”

Sigue el detalle de la obra a entregar en los 6 plazos de pago y el “Sexto plazo: 120,000 pesetas, cuando esté toda la obra “montada y terminada y una vez que haya sido recibida a plena conformidad y satisfacción de la Excma. Sra. Condesa Viuda de Ruiseñada.”

“Así mismo el Sr., Navarro Santafé se compromete a ceñirse estrictamente al proyecto, cuyo bosquejo firmado adjunta y al presente contrato, sin variaciones de ningún género tipo, ..etc.”

No fue todo éxito y alegría el que Navarro, el escultor elegido para realizar la Virgen de la Asunción que tenía que complementar el enterramiento del Conde de Ruiseñada, fuera también elegido para construir el enterramiento en su totalidad. El arquitecto Sr. Altuna, de San Sebastián, no veía bien el que yo, un escultor de mi categoría y sin título de arquitecto me hiciera cargo de una obra arquitectural. Pero la Condesa dijo: “En mi casa hago lo que deseo y quiero.”

Mientras tanto, en los talleres Altuna, en San Sebastián, pronto me enteré que habían comenzado a realizar trabajos para el enterramiento con su proyecto. Pero sin orden oficial ni contrato alguno, tan solo fiados de una visita que la Condesa hizo para informarse del taller, según ella misma me explicó.

“Cuando el arquitecto Altuna se enteró que a mí, sin haber pasado por el Concurso, se me había encargado la totalidad del proyecto me visitó en mi Estudio de Madrid, y trató de que algunas piezas que tenía labradas se incrustaran en mi proyecto. Pero no hubo acuerdo. Entonces yo envié una carta a la Sra. Condesa explicándole lo que el Sr. Altuna pretendía. Dicha carta – de cuya minuta te envió el fragmento que he encontrado – como la mandé al Banco Atlántico porque la Condesa es la dueña del mismo y allí firmamos el Contrato, la mandé Certificada. El Director del Banco, Sr. San Pedro, se enteró de su contenido, me llamó por teléfono muy enfadado porque había certificado la carta. Me dijo que en vista de ello (¿de qué?) me mandaría un abogado para solucionar el asunto (¿qué asunto?)”

El fragmento citado dice:

“…parece que lo que ahora se pretende es querer aprovechar lo hecho por los Sres. Altuna, sin encargo alguno de hacerlo, y acoplarlo a mi obra, que tiene una estructura y una armonía de artista creador, incomparable totalmente con la obra de esos Señores, marmolistas muy dignos, pero ajenos a mi creación escultórica ornamental. Señora: es muy digno tener en cuenta las razones económicas, ya que estos marmolistas se sienten lastimados por lo que han hecho – hecho propia voluntad – y que, aun así, esperan cierta compensación económica, fiados en la visita, – no en el encargo – hecha por usted a sus talleres. Pero es más digno todavía respetar el sentido artístico de una obra encargada y la responsabilidad de un autor elegido, que no puede ni debe admitir colaboraciones extrañas que perjudicarían su obra y el crédito artístico de quien la encargó. ¿Cómo puede pensar, quien aconseje a usted, que la urna funeraria labrada por los Sres. Altuna puede encajar en mi proyecto escultórico que tiene otras ambiciones y una hechura que no corresponde en nada y por nada a la obra del arquitecto y marmolista de los Sres. Altuna? Aparte de lo artístico, que ya es mucho, ¿se ha pensado en el atentado de carácter arquitectural que supone el incrustamiento de una urna de medio bulto, cual es la de los Sres. Altuna, en un proyecto que se basa en una urna poligonal y despegada íntegramente de las paredes maestras del retablo.?”

“Vienen después, otras consideraciones de tipo económico, tan importantes como las anteriores. ¿Que hago yo con los bloques de mármol que habría de emplear en la hechura y labra del túmulo? ¿Quien puede, ni debe, de un presupuesto económico aprobado desvirtuar una cantidad para indemnizar con ella a unos artesanos que cometió el intrusismo de realizar una obra que no le fue encargada y de la que no tiene documento ni contrato alguno acreditativo?.”

“Todas estas razones, que son muchas y de mucho peso, son las que debo y quiero someter a juicio de usted que, siempre clarividente y exquisita, verá que son exactas y justas, y que mi posición es la única que cabe a un artista y aun caballero.”

“Ni secretarias ni allegados podrán verlas con la claridad de usted ya que el fin, de su corazón emotivo y de su pensamiento estético nació la idea de perpetuar la vida mortal de su marido con una obra de arte que pusiese de manifiesto la calidad emocional y artística de la Casa de Ruiseñada.”

“Pero todo ello, Señora, sin complicaciones oscuras para el artista encargado de la obra, que necesita se aclare todo y se pongan las cosas en su lugar para poder trabajar libre de prejuicios, sabiendo que su obra es estimada y que, por ello, se zanjan las cuestiones de segunda mano, con las que el verdadero artífice no tiene nada que ver.”

“Deseando recibir noticias aclaratorias de usted, así las espero, ya que entiendo que todo son obstáculos de los demás, pro nunca de la Condesa de Ruiseñada. Queda de usted….”

Aquel abogado que le mandó el director del Banco Atlántico al conocer ésta carta, “me expuso el mismo plan que el Sr. Altuna visitó el taller de marmolistas donde se labraban las piezas del retablo; informó del “presupuesto”, envenenó a los marmolistas con los que yo había firmado un contrato para la preparación de las piezas. Me exigían más dinero del presupuestado, que no acepté. Se paralizaron las obras. yo busqué a mi abogado. Los marmolistas otro. El mismo abogado de los marmolistas les quitaba la razón y me la daba a mí. Nos reunimos todos en el despacho de mi abogado. Este señor me aconsejó que cediera, pues no debía perjudicar a un tercero, que era la Sra. Condesa de Ruiseñada; que además teníamos un contrato firmado por el tiempo estipulado y debía cumplirlo. Los marmolistas se aprovecharon. Yo rescindí el contrato con ellos por falta de forma y retirar las piezas de mármol terminadas y sin terminar, pero ellos me exigieron 16,600 pesetas por sacar del taller lo que era mío y que ya estaba abonado. Quedamos que hasta que no estuvieran todas las piezas dentro del camión no percibirían el dinero acordado; todo lo subieron menos la estatua de la Virgen, que me exigían antes el dinero. Bueno accedí. Yo llevaba el cuchillo de caza en el pantalón; les pagué y les dije: “ahora vamos a subir la santísima Virgen”. No pasó nada g. a Dios. Yo estaba dispuesto a todo…Salimos para Comillas.”

“Al fin llegamos. Se bajaron las piezas, primero la estatua de la Virgen, intacta y todo en buenas condiciones. Vuelta a Madrid. Busqué a un antiguo compañero, Pepe Centellas, del taller de mármoles donde yo había aprendido a trabajar el mármol. En Comillas continuamos los trabajos con alegría. Pero me hacía falta otro ayudante. Lo encontré en Santander: un muchacho honrado y trabajador, Enrique Somavilla, siempre lo recordaré. Lo pasamos muy bien los tres. Yo echando mano al “librico” sobre resistencias, empujes exteriores y morteros hidráulicos, construí aquella obra que le pareció al Sr. Marqués tan complicada. Quedó la obra, como hoy se puede ver, en la girola de la iglesia del palacio de Comillas, que levantó el gran arquitecto catalán Martorell, maestro de Gaudí, y éste construyó “El Capricho” dentro del recinto del Parque de Comillas.”

Pero sus disgustos no terminaron con la solución, mejor o peor, con Altuna y el taller de marmolistas. Alguien más, no sabemos porqué le molestaba, retrasándole los pagos. Lo vemos en la siguiente carta que con fecha 20 de marzo de 1960, ya un mes vencido el plazo de ejecución señalado en el contrato, por lo que hay que suponer le darían alguna prórroga en consideración a los incidentes relatados, que escribía a la Excma Sra. Condesa Viuda de Ruiseñada, a Madrid.

“Mi distinguida Señora: “Me cuesta trabajo dirigirme a Vd., que tan generosa ha sido siempre en escucharme – creo que ésta es la más alta generosidad que se puede tener – para informarle de la anormalidad existente en el cumplimiento del contrato del trabajo artístico que realizo por encargo de Vd.

“Actualmente han vencido tres plazos económicos equivalentes a 150,000 pts. que me deberían haber sido abonados para la buena marcha de la obra.”

“Porque estoy entusiasmado de ella, y fervorosamente unido a Vd., hasta ahora he solucionado yo, de mi propio peculio, que déficit tan extraordinario para un artista, ya que treinta mil duros son una cifra astronómica que difícilmente se alcanza con el duro trabajo de la creación artística. Así, pues, informo a Vd. que yo, de mi bolsillo y de mi pobre economía, he pagado esa cantidad vencida que se me adeuda a fin de que los obreros sigan fieles a mi mando y no se me levanten en una protesta de paro que, tanto a Vd. como a la obra y a mí, nos serían perjudicialísimos.”

“Agotados todos mis recursos me he personado en el Banco Atlántico en espera de recoger un depósito por valor de alguno de estos vencimientos para hacer frente a la situación y allí he visto, con profundo estupor, que no existe este fondo depositado y que, por lo tanto, las cosas siguen igual o peor, pues dejar pasar los días es precipitarse en una ruina que puede dar al traste con mi capacidad económica y artística.”

“No tengo más remedio – y me cuesta muchísimo hacerlo – que informar a Vd. de estas anomalías. Sé que Vd. es ajena a ello, pero sé también el calor con que ha de tomarlo y entiendo que su mediación será decisiva para acabar con lo bochornoso de este problema, cuyas raíces no sé de donde vienen, pero cuyas consecuencias toco.”

“Perdóneme como siempre éstas no gratas noticias y sabe soy siempre su fiel y devoto servidor…”.

Pero como a todo fin a él llegó. “El Retablo Enterramiento se terminó con gran éxito. la Condesa feliz; el Marqués de Comillas feliz; y todos felices. En la parte económica me acordaba del gran Beethoven, que después del estreno de la “Novena Sinfonía”, acurrucado en una butaca en la misma sala en la que hacia pocos minutos había alcanzado la gloria, lloraba desconsolado de que todos habían ganado sus buenos dineros… menos él. Me acordaba de esa anécdota del inmortal músico, porque a mí en ese momento me ocurría igual. Yo, con un contrato por obra de 500,000 pesetas, por las pérdidas con los marmolistas, por transportes, los nuevos jornales por horas, y aunque me ahorré el alquiler porque hacia vida en el mismo palacio de Comillas acompañado de mi esposa Celia, apenas me quedaba dinero para volver a Madrid.”

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