23.- MONUMENTO A DIEGO LOPEZ.(niño doctrino del Colegio de San Ildefonso)

Por el año 1966 se le ocurriría hacer este monumento. “La Hoja del lunes” de Madrid del 12.12.1966, en un amplio comentario bajo el título A PUNTO DE AGOTARSE LOS BILLETES PARA LA LOTERIA DE NAVIDAD, en subtítulo en negrilla dice:

Se va a levantar una estatua al niño Diego López, que cantó por primera vez en el sorteo celebrado el 9 de marzo de 1771.

Y en las tres medias columnas del texto, bajo otro epígrafe de “Monumento” da la noticia: “Precisamente ahora existe el proyecto de levantar un monumento al niño que cantó por primera vez la lotería, llamado Diego López.”

El entusiasmo y, conforme a su manera de ser, el intenso estudio que hizo sobre el tema, para documentarse y ambientarse ante la realización de esta obra se refleja totalmente en la memoria que sobre él tenemos, en curiosa redacción de su puño y letra:

“MONUMENTO A DIEGO LOPEZ, NIÑO DOCTRINO DEL COLEGIO DE SAN ILDEFONSO, PRIMERA VOZ EN LA LOTERIA NACIONAL QUE CANTO LA “SUERTE” EN MADRID”

MEMORIA

“Esa institución tan madrileña y tan carolina que es la Lotería Nacional bien merece tener en Madrid su monumento, ya que Madrid fue el primer Salón lotero, con pabellón de cielo azul, donde el

niño doctrino Diego López cantó el trino de la suerte a un Madrid de capas y sombreros que, amotinados, iban a ser recortados por las tijeras del Príncipe de Esquilache.

Carlos III, el español napolitano, atento a todo lo maravilloso nacional, creó la Lotería – o “Beneficiata”- por una Real Orden de 30 de septiembre de 1763, total a los cuatro años de su incipiente reinado, ya que su proclamación se verificó el 11 de septiembre de 1759,con el ceremonial de costumbre y el decorado monacal y cortesano de la iglesia de San Jerónimo.

Don Carlos quiso traer, de las orillas del napolitano mar, el “cuerno de abundancia” para los españoles, como si en aquellos playales mediterráneos se lo hubiera dejado la propia madre Venus Citérea.

Crea la “Beneficiata” o Lotería Nacional que consiste en un juego de acertar cinco números, con combinaciones de ambo y terno, sacados a la suerte entre los noventa primeros. Se puede jugar a “extracto simple” o a “extracto determinado”. ¿Premios? Al “extracto simple” diez maravedises por uno; al “extracto determinado” cincuenta maravedises por uno; al “ambo” cien reales por cada diez maravedises; al “terno” por cada tres maravedises doscientos cincuenta reales…

La casa de la Lotería se instala en la Plazuela de San Ildefonso y su primer director es Don José Pella, íntimo de Esquilache, hombre de números y familiar del pajarito de la suerte, cuya bola, número, voz y serie, habría de estar encomendada a esa mano inocente -¡tan necesaria en todo juego de azar!- y que preciso era buscar entre el rebañuelo cándido de los niños doctrinos del Colegio de San Ildefonso.

El 9 de marzo de 1771, siendo director de Loterías don Miguel Joaquín de Lorieri, la voz del doctrino DIEGO LOPEZ cantó en el aire de Madrid el número de los aciertos, primero en el volcar del cuerno de la Abundancia que seguiría, impertérrito, volcándose y volcándose sobre el mundo -¡ya no solo sobre un mundo madrileño de Carlos III!- en la voleada de millones acunados por las sucesivas voces doctrinas en las sucesivas loterías de doscientos años…

Monumento perenne merecen el gesto y la vocecita infantil que vinieron a su ilusión de un mundo creyente en el milagro español y carolino. Lugar, el propio viejo caserón del Colegio de San Ildefonso; esos patios, un poco claustrales, a los que llega el aire fino que pasa por el viaducto como si fuera un doctrino más… Modo, el mas sencillo y eficaz modo, donde la voz que canta y el gesto que muestra la bola encantada no tengan mas distracción que se eco y su sombra…

Inventemos un niño doctrino de 1763. Una vestimenta que aún no se afrancesó del todo, y guarda el breve coleto con vuelillos encañonados que aun quiere recordar la gola. Calzón de fustán, ya llegado a bombacho, que el gregüesco se quedó perdido con el morir de los Austrias. Medias y chapincete con hebilla. Melena corta, a lo paje de los últimos Felipes, que todo va retrasando en Madrid y aun tardará mucho tiempo en afrancesarse y gastar tirabuzón.

Sobre una gramilla, que quiere simular la peldañería de un estrado, se yergue la figurita airosa, aireada por la suerte, orgullosa de levantar el pequeño mundo de la bola en su mano, con la boca abierta en el boceo claro; grito de niño y aviso de diosecillo…

A los pies del gorrión madrileño -¡doctrino gorrión!- el cuerno de la diosa desenrosca su nácar y por la trompeta se vuelca el manantial de las onzas carolinas, aquellas que se hicieron “ambo” y “terno” y “extracto simple” y “extracto completo” gracias a la industria del Señor Rey Carlos y a la vocecita tiple de Diego López, primer madrileño que fue cántico de suerte, pregón de Lotería, ilusión del mundo y cuyo grácil aletazo puede y debe perpetuarse en uno de los patios del Colegio de San Ildefonso.”

Este estudiado, ilusionante y hasta anunciado monumento no se hizo. ¿Por qué? Indudablemente constituiría una desilusión para el escultor que con tanto interés como refleja lo apasionado de su Memoria se había aprestado a realizarlo. Pero seguramente siempre lo tuvo en su idea. y entendemos es así cuando vemos que, ya jubilado, en 1978, con motivo del 500 sorteo de bombos múltiples, aparece en la prensa de Madrid del 22 de febrero la siguiente noticia:

“Homenaje a los cantores de la Lotería Nacional.

“El escultor Navarro Santafé ha modelado una estatuilla que representa la actitud de los colegiales de San Ildefonso en el nuevo sistema loteril – al que se ha añadido, simbólicamente, el cuerno de la abundancia, como portadora de suerte – y que el artista ha ofrecido, a la histórica institución municipal como homenaje a los niños cantores de la Lotería Nacional.”

La figurita ya no es aquella de la Memoria. La ha actualizado y es un escolar de ahora, con su pantalón largo, su chaqueta cruzada, el brazo derecho en ángulo hacia arriba y en la mano la bola mostrando el número; en la izquierda sostiene la punta del cuerno de la abundancia caído hacia sus pies derramando las onzas abundantes de la fortuna; La cabeza domo altiva, en el aire del canto que parece que sale vivo de su boca abierta con la cantinela famosa. Sobre el pecho, pendiente de los hombros, la beca actual de escolar.

No era el monumento de la Memoria pero, actualizado, era un obsequio tal vez simbólico, como recuerdo de aquel; como indicando que aquel está pendiente y vivo en la esperanza, tal como lo estudió y lo imaginó el escultor, entonces su profesor de dibujo, enamorado de su Colegio, cual siempre lo estuvo de Madrid y de sus entrañables anales,

Una carta del Ayuntamiento de Madrid que le dirige con fecha del 26.1.1978 le dice sobre esto: “Como Regidor Patrono del Colegio de San Ildefonso, quiero expresarle a través de estas letras, el más sincero agradecimiento, por su generosidad con el Colegio, y felicitarle por los magníficos Escudos que ha realizado y donado para la Institución, así como por el acierto de su bonito trabajo en las esculturas del “niño cantor” de la Lotería Nacional, que quedarán en el Colegio, en los colegiales y en quienes formamos parte del mismo, como un recuerdo inolvidable, sincero y afectuoso hacia su persona.”

Se le distingue con la BECA DOCENTE.

El Ayuntamiento de MADRID, por carta del 13.1.1975 le informa: “La Comisión Municipal de concesión de becas colegiales de San Ildefonso, en sesión celebrada el día 8 del actual en el Salón de Comisiones de la Casa de la Villa, acordó, por unanimidad, otorgar a Vd. la BECA DOCENTE, en atención a su personalidad y méritos contraídos con la Institución.

Al felicitarle por dicha concesión, mucho le agradecería la asistencia al Acto Académico que con motivo de la festividad de San Ildefonso, el 23 del corriente, tendrá lugar a las 12’30 de la mañana en el Salón de Sesiones de éste Ayuntamiento, y en cuyo acto tendremos el honor de imponerle la Beca concedida.

Esperando contar con su asistencia, le saluda atentamente, Fdo.: Manuel del Moral. Regidor Patrono del Colegio de San Ildefonso.”

LOS ALUMNOS LE DEDICAN UN HOMENAJE EN VILLENA, SU CIUDAD NATAL.

Una de las cosas que le oímos comentar como de mayor satisfacción en su vida, fue el espontáneo homenaje que le ofrecieron los alumnos y profesores del Colegio que asistieron, en septiembre de 1974, en su pueblo, al sorteo extraordinario de la Lotería Nacional y que se celebró allí como acto más para enriquecer las solemnidades que Villena celebrada para conmemorar el V CENTENARIO de la Aparición de la venerada Imagen de su Excelsa Patrona la Virgen de las Virtudes.

En desfile con el Ayuntamiento y Autoridades, la representación de la Lotería Nacional y del Colegio de San Ildefonso y numerosísimos simpatizantes, con la Banda Municipal de Música con sus más de 70 profesores, hasta el Monumento a Chapí, – una de sus grandes y hermosas obras en piedra – uno de los alumnos leyó ante él un discurso, en el que hablando de Chapí relacionaba la unión que a través de él hay entre Madrid y Villena. Y terminaba:…”Hoy rendimos doble homenaje, en estos dos caminos del Arte, la Música y la Escultura. Aquella en Ruperto Chapí; en esta al maestro Antonio Navarro Santafé que – dicho sea de paso – es nuestro Profesor de Dibujo”.

“Pertenece, también, a la gran familia del Colegio de San Ildefonso. También él es lazo que une a Madrid con Villena. Nosotros, pequeños embajadores de esta gran institución española que es la Lotería Nacional, queremos cantar con nuestra sencilla y pequeña voz un gran premio mayor que esta vez nos ha tocado a nosotros, y que es – sin duda – este lugar de honor de poder cantar, al aire límpido de esta tierra levantina, el homenaje a dos maestros, a dos hombres que nos guían en nuestros caminos, a Ruperto Chapí y Antonio Navarro Santafé: ¡Gracias, queridos Maestros.!”

Situado al píe mismo del Monumento, Navarro Santafé, emocionado por aquel homenaje que ante una de sus grandes obras sobre la que más satisfecho se sintió siempre, y en su pueblo y ante sus paisanos, le rendían sus alumnos del tan famoso y conocido Colegio de Madrid, les contestó con tiernas y edificantes palabras, como una lección más para ellos de su personalidad humilde y grande, que en aquel momento él mismo vería tan colmada. Uno de los niños, en nombre de ellos y del Colegio, entregó al Sr. Navarro, como final del acto, una medalla conmemorativa y varios obsequios. Había que oírselo contar a él para vislumbrar la belleza del momento y comprender su intensa e inolvidable emoción, que las fotografías que recogieron el hermoso acto también resaltan como emotivo testimonio.

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