3.-1935. La familia “BIENVENIDA”. Madrid.

Con esta famosa familia del mundo de los toros, conocida por los “BIENVENIDA” en razón de que eran oriundos de la villa así denominada en la provincia de Badajoz, en la línea de Mérida a Sevilla, sobrenombre que acreditaron ante los públicos con el prestigio inmenso de arte y valor los miembros de esta amplia dinastía de grandes toreros, se relacionó de la siguiente simpática manera: Sería como a mediados o a finales del año 1935, rememoraba. El tenía ya 29 años y unas grandes ganas de trabajar y darse a conocer, cosa que no lograba y caía y volvía a caer, por la necesidad de comer cada día, en las garras de un despiadado explotador de artistas, ya demasiado nombrado al relatar en anteriores páginas aquel tiempo de su vida, o trabajar, para comer, en algo distinto a su vocación artística. Ambas cosas había que vencerlas. Por entonces tenía un poco de dinero ahorrado – acababa de terminar su contrato de pintar las farolas de Madrid – y el proyecto que le animaba era intentar una Exposición de Tauromaquia.

A.-GRUPO. El “pase natural” de MANOLO BIENVENIDA

Había visto una preciosa fotografía, tamaño postal, del pase natural de Manolito Bienvenida. Y lo modeló en barro. Satisfecho al contemplar que lo había modelado bien pensó en visitar a la familia para ofrecérselo, pero su gran temor a hablar, por causa de su enorme tartamudez, cosa que le acomplejaba enormemente, le retrasaba el intento hasta que pensó que con su obra a la vista sería su mejor presentación y su mejor oferta. Así que cogió su obra en barro, y a brazo con ella, andando por la calle, se fue a casa de los “Bienvenida”. El Estudio que disponía, por lo hablado de sociedad con el Ingeniero, estaba en la calle Cavanilles nº 3,cerca de Pacífico. Y desde allí, hasta la calle Príncipe de Vergara nº 3 que vivían los “Bienvenida” llevó su Grupo, andando, sobre una bandeja, porque no se fiaba de nadie para portarlo. Llegó a la casa, puso la bandeja en el suelo. Llamó al timbre. Descubrió el grupo y lo volvió a coger. Abrió la puerta una criada y al ver la escultura exclamó: “¡Si es Manolito!”. Antonio entró, ya decidido, al “hall” y puso el Grupo sobre la mesa de entrada. Cuando salió el dueño de la casa “Bienvenida” padre, Don Manuel Megías Rapela, “EL PAPA NEGRO” como se le conocía en el mundo taurino, antes que hablar con el escultor se fijó en el grupo y dijo con pasmo:¡ “Este es mi hijo!”. Entonces Antonio, ya sin temor a su habla tartamuda ante la exitosa recepción de su obre, le dijo: “Mire usted, yo lo he hecho con fotografías, pero me gustaría darle el toque final teniendo delante el natural, posando personalmente su hijo.” El padre le contestó: “No hace falta. ¡Está colosal!. Pero si usted lo quiere mi casa está a su disposición y cuente usted con toda clase de facilidades.” Lo hizo pasar al interior de la casa hasta una habitación con muchas macetas, que daba a una galería llena de trofeos taurinos, desde cabezas de toro hasta banderillas. A ella estuvo yendo una semana, modelando del natural la cara de Manolito, que posaba amablemente. Cuando el Grupo lo terminó en barro, lo llevó a la fundición y una vez acabado lo entregó al Papa Negro que, no solo le pagó muy bien, sino que, además, le regaló un traje de luces de los usados por Manolito, que es el que está en el Estudio – Museo de Villena (1). Antonio contaba que había leído por entonces en Hernán Cortés que “la osadía vence las dificultades”, y llevando su obra por delante de su dificultosa palabra, ella hablaba por él con sobrada elocuencia. Volvió años después de la guerra a aquella casa que él había conocido feliz, cuando ya había dado en ella su zarpazo terrible la tragedia.

B)Busto de la madre, Dª CARMEN JIMENEZ. “La madre del torero”

La señora de la casa, Dª Carmen Jiménez, sevillana, había acogido a Navarro con su natural simpatía, que si en ella era natural para éste resultaba extraordinaria. En su impulso de agradecimiento comenzó a modelarle un retrato. Había tenido ocasión de estar un día en aquella casa mientras los hijos toreaban en diferentes plazas. Vio a la madre, Dª Carmen, que se pasó toda la tarde de rodillas ante una hornacina del Cristo del Gran Poder y de la Macarena, con las manos juntas, rezando, lo que luego se enteró era lo que hacia cada vez que toreaban sus hijos. Mientras que El Papa Negro telefoneaba constantemente a las plazas. Cuando estaba terminando el retrato, en presencia de toda la familia, llegaron los famosos literatos, Cossío, Curro Meloja, y otros periodistas, con Roberto Domingo, ya entonces famoso pintor de toros. Se animó la conversación y el único que no hablaba era Antonio Navarro, cuyo mutismo llegó a llamar la atención de los llegados. Alguno de estos le invitó a que dijera algo, más al excusarse Antonio, el padre de los “BIENVENIDA” informó a su auditorio, en broma un poco pícara, que Navarro en público no se atrevía a hablar más que en verso. Tenía el Papa Negro motivo para decir esto, porque uno de los días que estaba en su casa, le preguntó vivaz, al verlo siempre tan callado, cómo se las arreglaba con las chicas, él un hombre joven y soltero, si tanto miedo le tenía a su tartamudez. Y Navarro le contestó que, en vez de hablarles, les decía versos. Por ello tenía motivo cuando les dijo: “Navarro habla poco, pero dice muy bien el verso.” Todos le animaron a que dijera alguno y les recitó “La señá Gabriela”, de su gran amigo el poeta José Antonio Ochaíta y tuvo un éxito. Escena que Antonio recordaba siempre con especial satisfacción.

“LA SEÑA GABRIELA”
¡Alameda de Sevilla, Alameda!
Crujiente a almidón de enaguas;
rubia de tantas peinetas;
de un frescor de alcazarra
y un son de bridas y espuelas.
¡Alameda de Sevilla, Alameda!
Sevilla bien conocía
que en ti vivía la reina,
que sus hijos eran reyes
de un reino de sol y arena,
con traje de oro
y por cetro la caña de la muleta,
y por gente cortesana
toda Sevilla en la rueda.
José, tras ceñirse el raso,
tras calarse la montera,
tras apretarse la faja,
tras santiguarse a derechas,
besaba un medallón de oro
dentro de cuya opulencia,
alelí que va en fanales,
estaba la imagen de ella.
Rafael, cuando salía
– oliva aliñada en cera –
a nadie daba la mano;
y es que en su mano derecha
iba un pañolito blanco
que había tenido ella
toda la tarde en sus ojos,
como dos fuentes abiertas.
Tardes gloriosas y ardientes,
tardes donde el sol se vuelca
sobre José y Rafael
consagrando su realeza.
Gritaba la plaza loca
rota en palmas y en banderas,
mientras los reyes gitanos
derrochaban a conciencia
el ceremonial de gracia
de su estirpe macarena.
A la misma hora la madre
estaba tras su cancela,
pólvora de los olés
que bajo el aire se queman
y que asfixiaba a la madre
de gozosa turbulencia.
Y aquellos silencios hondos,
cuando las almas se tensan
ante el ala de la muerte
que va rozando la seda,
y aquel frenesí glorioso,
y aquel fervor de tragedia,
de la Maestranza al patio
va tejiendo cadenetas
donde con rosas de vida
rosas de muerte se enredan.
Cuando volvían los hijos
entre palmas y entre ruedas,
– reyes de un reino de oro,
de molinetes y estrellas, –
cuando volvían los hijos
salía al dintel la reina
con su peinador tan blanco,
su abanico y su cadena.
José y Rafael caían,
uno a la derecha otro a izquierda,
y de rodillas besaban
las dos manos gordezuelas
donde abrían las tumbagas
sus líricas apariencias.
¡Caireles de oro y de sol!
los ojos maternos llenan
púrpura de los capotes,
azabache de monteras,
fulgor de estoques de plata,
vengan las banderillas,
crespón de las espantás,
brocatel de las faenas,
todo yace arrodillado
a la derecha y a la izquierda
de aquella madre que tiene
los monarcas por pareja,
y su pañuelo de talle,
y sus tumbagas de feria,
y por nombre el más real
y el más flamenco: ¡Gabriela!.

Le aplaudieron fuerte. Decía: “Para recitar poesía ante público entre el que se encontraban críticos exigentes, había que atarse los machos.” Y que el éxito le olvidó la tartamudez, problema y tragedia de su vida, y pasó la tarde hablando. El periódico “DIGAME” 

de febrero de 1946 en su página 3 inserta dos preciosas fotografías, una el busto retrato de la madre, Dª Carmen, bellísimo, seria, la boca entreabierta rezando, la frente fruncida, los ojos al cielo. La otra, en aquella galería de los trofeos, 4 personas: Navarro, alguien, pasando afectuosamente su brazo sobre el hombro de éste, que parece el gran Nicanor Villalta, “Bienvenida” padre, y su hijo Antonio. Arriba de las fotografías, como título, dice: DESTACADO TRIUNFO DEL ESCULTOR NAVARRO SANTA FE. Y al pie: “En el domicilio de don Manuel Mejias (Bienvenida) tuvo lugar el domingo la entrega de dos grandes obras del ilustre escultor Navarro Santa Fe. Una de ellas, de asunto taurino, recoge un pase cambiado de Antoñito Bienvenida, feliz interpretación del gran artista, obra ya en materia definitiva – bronce – y digna de los mayores elogios. Con destino al mausoleo que en el cementerio de Sevilla tiene el infortunado Manolito Bienvenida, Navarro Santa Fe da los últimos toques a su escultura “La madre del torero”, que figurará, orando, en la capilla bajo la cual reposan los restos de su llorado hijo. No dudamos en afirmar que se trata de un acierto rotundo, de una obra genial, admirable de expresión y de factura, que sitúa a Navarro Santa Fe, el joven y ya insigne escultor, en primer plano de la actualidad artística. (Fotos Santos Yubero.)”  

C)Grupo ANTONIO BIENVENIDA “Pase cambiado a muleta plegada”

Y la página 36 de ese número del periódico “DIGAME”, o en un otro alrededor de febrero de 1946 (parece que por entonces los periódicos no fechaban sus hojas, así parece, cuando menos, en éste), pero por el contesto se deduce claramente que por allá era, ya que se habla de “la primavera próxima” y que “hoy día trabaja en el Monumento a Ruperto Chapí”, el articulista Angel Bueno se la dedica entera, destacando, a dos tintas, en título y subtítulos: “ANTONIO BIENVENIDA. VISTO POR EL ESCULTOR NAVARRO SANTAFE.”

Mi mejor obra taurina se la debo al artista que supo modelar en Madrid el mejor boceto escultórico. El fue el creador y yo su más modesto colaborador. La realidad del pase cambiado a muleta plegada. El interesante texto dice: “El artista está frente a su nueva obra. (La fotografía que ilustra el artículo muestra, de medio cuerpo, al torero en bata de casa, al escultor y, entre ambos, la obra.) Plena de armonía, plena de gracia y plena de verdad. Los tres plenos de la ruleta del acierto.
– ¿Estás contento de esta tu nueva joya escultórica? preguntamos a Navarro Santa Fe.
Estoy, más que satisfecho por mí, contento por haber saldado una deuda que tenía con mi arte.
– ¿Desde cuando?
– Desde que Antonio Bienvenida, en la corrida de la Asociación de la Prensa, de Madrid, me hizo contemplar esa maravillosa obra que dejó grabada en la arena, y que yo soñé en reproducir en bronce. Fue aquél su primer pase con la muleta plegada. En un cambio inverosímil, una cosa tan bella, tan plástica, llena de tanta gracia y de tanta dificultad, que se hizo en mí idea fija. Y no he parado hasta no verla reproducida. Y aquí la tienes.
– Te veo enamorado de tu obra…
– Siempre se enamora uno de lo que más cuesta…
– Tú, que tantas y tan diversas interpretaciones tienes logradas de la fiesta de los toros y de sus actores, ¿qué opinas de ésta tu última concepción.?
– Que es mi mejor obra taurina, y que su mérito, si lo tiene, se lo debo al artista que supo modelar en Madrid el mejor boceto escultórico. El fue el creador, y yo no he sido más que su modesto colaborador.
– Pues, sin halago pueril, la considero como un definitivo acierto. Y la crítica más severa estará conmigo el comprobar la dificultad de conseguir ese movimiento, esa suprema agilidad…
– Efectivamente, en estas obras plásticas, la forma se pierde con el color, y hay que imprimir una técnica pintoresca para el logro del intento. Son tanto los relieves y la lujuria de luces en la realidad de este muletazo que de manera tan genial cincelara este torero, que se rompe la forma quieta, y de ahí la gran dificultad en la obra del escultor.
– Y de ahí su mérito. Porque conseguir este ritmo, hacer que todos los puntos de vista de la escultura resulten armonizados, es signo indudable de triunfo.
– Así es lo que así te parece – aclara el joven artista con su bondadosa sonrisa de niño siempre contento.
– Taurinamente ¿cómo catalogas este muletazo, que sólo llegó a instrumentar en esta época Antonio Bienvenida?
– Superior al natural y al de pecho. Porque si el primero es fundamento del toreo y el segundo su mejor complemento, aquél tiene de belleza natural el instante del cite y de peligro hermoso y brillante la conjunción, al engendrar el muletazo de pecho. Porque la muleta plegada no acompaña nada, deja al descubierto toda la luminosidad del riesgo. “El escultor, a la sombra de su obra, impregnada de luz, quiere seguir hablándonos del torero. Y nos exalta su figura y su arte. Pero Antonio Bienvenida es bien conocido y admirado por todos, y, por si fuera poco, esta nueva obra de Navarro Santafé pregona ante el tiempo el mejor rasgo biográfico de toda su historia taurina, llena de gloria y laureles sin cuento. Es más interesante aun conocer a fondo al autor del “Pase cambiado a muleta plegada”; y ahondamos en su vida y sus recuerdos. Tarea ingrata. Navarro Santafé se parapeta tras su singular modestia.
(Pero el periodista sigue por su cuenta destapando su biografía y le recuerda sus primeros pasos…, y le logra hacerle comentar “su admiración por sus maestros, Capuz, Ortells, su veneración por Julio Antonio, sus preferencias por Clarás, para llegar a la conclusión técnica que en su formación artística no tuvo contacto con Benlliure, cuya gloria merecida reconoce…”.
Y sigue el periodista por su cuenta hablando de su obras, de sus ya rubricadas obras con éxito, para terminar el encendido artículo así):
“Y Antonio Navarro Santafé, con la misma dorada ilusión con que estrujara entre sus dedos aquel barrillo de San Blás donde nacieron sus mejores aficiones, vuelve a acariciar este busto, recién vaciado al bronce, donde la realidad del pase cambiado a muleta plegada de Antonio Bienvenida es tangible verdad y sueño a la par de una desbordante fantasía. Angel BUENO.”
El artículo de “DIGAME”

se ilustra al pie con dos grandes fotografías, de frente la una, de lateral la otra, de la obra artística, que resaltan su belleza y testimonian la admiración que al periódico y el articulista le han producido.
Pero aún con la publicidad que tuvo esta obra, e incluso la amistad con toda la familia y con el propio retratado y en ella inmortalizado, recibió por ella también uno de los grandes disgustos de su vida, precisamente los que por su propia humildad más le afectaban y que víctima de ello tantas veces, siempre con dolor, le parecía que tenía, ya años, completamente superado.

Ocurrió que TVE, el 23 de enero de 1972, hizo en casa de Antonio Bienvenida un amplio reportaje de su vida en familia, de sus recuerdos, de sus cosas. Antonio Bienvenida, que estaba muy orgulloso del grupo obra de Navarro Santafé se mostró con él sosteniéndolo de la peana, sonriente, satisfecho y orgulloso, y no rectificó al entrevistador cuando dijo que la obra era de Benlliure. ABC, en su Agenda de la Popularidad, publicaba la fotografía de ese momento, también sin nombrar, como correspondía, que la obra que en sus manos admiraba complacido tenía su autor. Y Navarro, al día siguiente de la emisión de TVE, le escribió la siguiente carta que explica lo sucedido y refleja la pena y el desencanto del artista:

“Madrid 24 enero 1972.
“Sr. D. Antonio “Bienvenida”
“Madrid.

“Mi distinguido y siempre querido amigo:
Ayer, domingo, entraste en mi casa -¡la tuya siempre!- con el reportaje luminoso que te dedicó Televisión Española.
Te vi; vi a tu mujer, a tus hijos; el ambiente de tu vida; tu entusiasmo por seguir triunfando en el arte taurino, que te tiene por único y gran maestro, y vi también la escultura que te hice, con tu famoso “pase cambiado a muleta plegada”, que tú creaste y que yo recreé en mi bronce, es decir, que yo hice imperecedero lo que es perecedero dentro de la vida humana.
“Por eso sentí un pequeño estupor, – llámalo desilusión artística – al no oír mi nombre como autor de tal obra, que si tiene un modelo vivo, que eres tú, también tiene un autor vivo, que soy yo.
“Comprenderás que mi estupor fue en aumento cuando el cameraman recogía con su objetivo la maravillosa obra de quien fue mi gran maestro, el gran Benlliure, y en ella y ante ella, vi que se hizo mención del hombre ilustre, a quien yo venero y admiro, pero que hubiera tenido enorme satisfacción espiritual al oír que el nombre del discípulo se mencionaba junto al suyo, ya que juntas están las obras en tu casa y juntas en tu estima y admiración.
“Tú sabes, por artista, lo que para un artista supone que se le silencie. ¡Menos mal que la obra habla y que el bronce, por duro, resiste al tiempo!, y por ello espero que algún día, en una primera ocasión, te acuerdes de mencionarme sabiendo que en mí tienes un amigo siempre y un admirador que, con tu gloria, desea un reflejo para la suya.
“Con mi enhorabuena y mis deseos porque tu vuelta a los ruedos vuelva a encender el sol de España, te saluda tu siempre devoto amigo, Antonio Navarro Santafé.

La minuta de esta carta, junto al recorte de la preciosa foto de su obra en manos de Antonio Bienvenida que la contempla sonriente y satisfecho, con amplio pie de ABC en que no nombra autor, me la envió dentro de una hoja carpeta que dice, escrita de su puño y letra:

“Antonio Bienvenida. Réplica a la vanidad humana.”

Y junto a ella ésta dolorida nota también escrita de su mano:

“Parece que bajara de regiones agrestes y me encontrara como forastero en el gran mundo. No tengo a nadie que me tienda una mano. Menos mal que de vez en cuando alguno se detiene en mi obra y me reconoce… pero…

“Una fuente escondida
y caminaremos con sed,
y al final del camino,
encontrarla y beber.”

Después de escrito este capítulo encontramos, entre los papeles del archivo de Navarro en relación con esta familia, una tarjeta tamaño postal que toda escrita a mano por el firmante dice:

“Nuestro querido y admirado amigo Antonio Navarro de Santa Fe posee un vestido de torear, morado y oro, que fue de mi hermano Manolo (q.e.p.d.) el cual se lo rgaló mi padre, el “Papa Negro”, el año 1.935. – Angel Luis Bienvenida, (rubricado)

Lo figuramos porque entendemos que más que testimonio de posesión, es testimonio de fecha, y de admiración y gratitud al artista que con su obra inmortaliza.

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