6.- ESTATUA ECUESTRE DEL CAUDILLO FRANCO. 1939

Le describe en notas manuscritas de su propia mano y en cuartillas mecanografiadas “para quien le interese”

PRIMERA ESTATUA IMPERIAL DE FRANCO.

“Después de pasada la contienda española, en el año 1939, por sugerencia de un Ingeniero francés, Don Carlos de Bourbón modelé y fundí en bronce la estatuilla ecuestre de Franco con bastante éxito.

El Sr. Bourbón le ofreció un contrato para la explotación de su venta, que firmaron. El ejemplar del contrato que se guarda en sus archivos dice textualmente:

“Entre Don CARLOS BOURBON ARNAL, domiciliado en Avenida de José Antonio, 78, MADRID de una parte y Don ANTONIO NAVARRO SANTA FE domiciliado en Doctor Castelo, 18 MADRID ha sido convenido lo siguiente:

“Don Carlos Bourbon se compromete a ayudar económicamente a Don Antonio Navarro para que pueda realizar una obra representando al Caudillo montado a caballo en bronce, así como las reproducciones de este mismo modelo.

“A la firma de este convenio, Don Carlos Bourbon entrega la cantidad de Ptas. 300,00 (Trescientas) para los primeros trabajos. A los quince días el Sr. Bourbon entregará otras 300,00 (Trescientas) Pesetas, y al mandar el modelo a fundir entregará Doscientas Pesetas mas (200,00)

“También se compromete el Sr. Bourbon a sufragar los gastos de la fundición de uno o más modelos; y gastos generales.

“Don Antonio Navarro se compromete a dar toda su actividad, sus conocimientos en la materia para realizar una obra digna de su faena.

“Las obras fundidas serán entregadas a Don Carlos Barbean para su venta. El precio de venta será estipulado de común acuerdo. El importante de las ventas será repartido por partes iguales.

En el caso de que el Sr. Barbean tenga que salir de España, su hermano Pablo Barbean podría reemplazarlo aceptando todas las condiciones, y, en el caso de que este se tenga también que marchar el también, lo reemplazaría la Sra. Doña Elsa de Paege. Tanto con esta Señora como con Don Pablo Barbean, cumpliendo ellos con los compromisos adquiridos por Don Carlos Barbean, también se compromete Don Antonio Navarro a cumplir como si se tratara del Sr. Don Carlos Barbean.

“EN MADRID, veinte de Noviembre DE 1939. AÑO DE LA VICTORIA.

“Firmados y rubricados: A. Navarro Santa Fe – C. Bourbón.”

“Para explotarla comercialmente había que pasar por Censura Plástica de Gobernación. Conseguí la Patente -¡la única que se concedió para el mercado!.

“Al calor de la Patente se formó una Sociedad para su explotación y venta. Tomó las riendas del negocio D. Manuel González, Agregado de la Embajada de Finlandia, colaborando varios jefes de Falange de varios puntos de España. Entre ellos Don Fernando González de Córdoba, jefe del departamento de metales del Sindicato – hoy General de División – que suministraría el bronce, ya que entonces no había existencias de este metal en ninguna fundición de Madrid.

“Por otra parte y al margen de lo acordado, Don Carlos de Bourbón, el ingeniero francés que era mi socio por haber costeado el modelado y la fundición del modelo, pedía 10,000 pesetas “para los gastos del modelo.”

“Cuando fuimos a firmar el Contrato, Don Carlos no estaba presente. Firmamos todos menos él. Sonó el teléfono y era él pidiendo las 10,000 pesetas dichosas, cosa que me sorprendió, pues en este contrato D. Carlos y yo percibiríamos el 20% de las ventas, que por lo que se calculaba posible representaría un millón para cada uno en las primeras 10,000 copias, y por su actitud se vino abajo el fabuloso negocio que prometía vender hasta 20,000 copias colocadas en Ministerios, Ayuntamientos, Cuarteles, despachos de grandes empresas, fábricas y la Fox Movietone la proyectó en los cines de España.

“Se había apoderado de la estatua D. Carlos y para poder rescatarla tuve que darle un grupo de ciervos en bronce., para lo que pasó algún tiempo. Una vez en mi poder la expuse en una saleta de la Junta Política de Falange, y al día siguiente se interesó por ella la Empresa Segarra, de calzado, en Vall de Uxó. Y como tenía necesidad urgente de dinero, se la vendí por 3,000 pesetas que me ofreció. En su hall la vi años después.”

Así acabó aquel sueño de negocio con su arte a través del campo político, hablándole de cifras que le mareaban. Siempre se acordó de aquello y en especial de la estatuilla. Jamás tuvo suerte en tales empresas, que le surgieron alguna vez más, en las que de haber tenido signo favorable indudablemente hubieran variado su vida. ¿Para mejor? Posiblemente sí en el aspecto económico, en el que tan mal se encontraba y en el que mal se siguió encontrando durante bastantes años más. Pero en el artístico tal vez hubiera sido otro. Y así lo que alcanzó al final de su vida, fue todo mérito limpio de su arte, vivido con su soledad, su humildad, su modestia y su constancia en su vocación artística, que en la penosidad de sus dificultades le permitió pulir la maestría que impregnó a sus obras, realizar el numeroso volumen de ellas y, con ellas, las grandes que le llevarían a que su nombre quede grabado en el plinto brillante de los grandes escultores españoles del siglo XX.

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