7.- 1940.- Imagen de SAN BONIFACIO. Petrel

Poco después de las Fiestas de Septiembre de 1939 de Villena, en donde se seguía hablando por la inmensa mayoría de sus paisanos muy satisfactoriamente de la nueva Imagen de la Virgen de las Virtudes, Navarro Santafé es visitado en Madrid a finales de Octubre por una Comisión del Ayuntamiento de Petrel, la industriosa localidad alicantina que junto con Elda y Villena mismo forman ese triángulo espectacular del calzado que un día habrían de acreditar la fabricación española en el mundo entero. Los portavoces son Don Manuel Villaplana y el Sr. Chico de Guzmán. Le dicen que lo visitan llevados por el éxito de su Imagen de la Patrona de Villena, del que han oído hablar intensa y muy ponderativamente a muchos villenenses, cuando ellos sabían que otros pueblos habían llegado incluso a suspender sus fiestas porque el escultor encargado de hacerla no había logrado parecido con las imágenes destruidas de sus Patronos. Ellos venían a verle para encargarle en talla de madera la imagen de SAN BONIFACIO, Patrón de Petrel, con el deseo que hiciera “otro milagro” como el de Villena. Tuvo que aceptar el encargo, aun con todo el compromiso que representaba y su riesgo. Y no pudieron dejarle nada más que una simple fotografía planimétrica y orientaciones verbales más bien aturrulladas dentro de la cortesía de la amable visita. Inmediatamente se adentró con su proverbial concentrada atención en su nuevo encargo. Había que estudiar muy detalladamente, más aún, había que escudriñar a fondo aquella sencilla fotografía y sacarle todo lo que guardara en sí como copia de su modelo. Después de varios y ampliados dibujos se decidió por uno y lo modeló en barro. Escribió a Petrel que podían pasar a verlo. Llegaron a los pocos días y no le recataron en ocultar su complacencia y hasta su entusiasmo por su obra. No les dijo que, a falta de dinero para pagar modelo humano, había utilizado el espejo y había hecho su autorretrato en aquel barro; que su madre inmediatamente lo reconoció cuando entró un día en su Estudio pero que, luego él, con la barba y el bigote que en la fotografía mostraba el Santo, al agregárselo disimuló el notable parecido. Así de bien aceptada la obra por sus mandantes, vació el modelado de barro en escayola y le sacó de puntos en madera de pino de Suecia. Pero como ve claro que no hay tiempo para tallarla en lo poco que falta para las Fiestas de Petrel y el modelo tiene un buen tamaño, le sugieren lleve esa imagen una vez policromada y patinada y se compromete a llevarla él personalmente. Llegó con la Imagen a Petrel el mismo día de la fiesta y la entregó a la Comisión y Autoridades en la fábrica del Sr. Villaplana como previamente se había quedado. Terminado el acto de entrega y las amabilidades del momento, todos hablando con urgencias sobre la inminencia de la hora de la Fiesta, nuestro escultor se salió y se marchó a un Bar donde descansar. En él encontró a una antigua compañera de trabajo en la Fundición de Villena durante la guerra civil, una francesa llamada Renée y estando con ella entró en el Café un Guardia Municipal que, con gran voz, preguntó si se hallaba allí “el escultor madrileño que había traído el San Bonifacio” y al darse a conocer Navarro le comunicó el Guardia que lo mandaba en su busca el Sr. Alcalde para decirle que lo estaban esperando, porque mientras él no estuviera con ellos no saldría la Procesión del Santo. Llegó el presuroso Navarro. Lo colocó el Alcalde a su lado, entre el y el Sr. Villaplana, le dio una vela y con tal preferencia y homenaje hizo la solemne y primera procesión de su San Bonifacio, con general satisfacción recibido como Imagen del Santo Patrón de Petrel. Durante la Procesión, relacionando el suceso con los que le habían olvidado en su pueblo en igual circunstancia fue haciendo el recorrido conmovido consolándole el pensamiento aquello de que nadie es profeta en su tierra. Y recuerda siempre aquellos días de constante halago en Petrel, que en su humilde vida era los primeros que vivía como homenaje. Los recibía de todas las gentes y hasta le invitaron a vestirse de “fester” en la Comparsa de los Caballeros de Flandes. Yendo formado en la fila le invitaron a que hiciera de Cabo de Gastadores y el preguntó, muy complacido, que qué hacia falta para hacerlo bien y le contestó el invitante: “Beberse dos copas en aquella taberna”. Entraron, las tomó acompañado de aquellos amigos, y su actuación de Cabo fue muy aplaudida. Cuando terminaron las Fiestas se embaló “su” santo y se lo llevó a Madrid para continuar la realización en talla de madera de pino de Suecia que ya tenía iniciada. La talla es de 2 metros. Cuando la terminó ambas imágenes, la talla y la algo más pequeña de escayola policromada, las llevó de nuevo personalmente a Petrel, donde se veneran. Le pagaron 34,000 pesetas, que en 1940 le dejaron muy satisfecho. Pero no podía librarse de su anécdota penosa. La había tallado en Talleres Talens, donde trabajaba desde después de la guerra civil como “Acabador” en aquel taller de reproducciones artísticas, y su dueño le distinguía y deseaba que continuase con él, y en el que, con su autorización, hacía él sus trabajos particulares Por tal circunstancia había embalado las imágenes de San Bonifacio en una de las cajas del Taller, lo que bastantes años después dio motivo, por la ligereza de un aficionado articulista, a crear un equívoco en Petrel que, lógicamente le disgustó muchísimo pero al que no pudo personalmente contestar porque por entonces había sufrido su primera trombosis. Poco después sufrió otra y aun luego siguió un infarto. Ocurrió que en la Revista de Fiestas, de Petrel, número extraordinario, un artículo “Sobre la Imagen de San Bonifacio” atribuyó su autoría a los dichos Talleres Talens. Se basaba en los rótulos de la caja del embalaje. Gracias a que se enteró de ésta grave equivocación un buen amigo suyo, que conocedor de su enfermedad fue diligente en coger tanto su defensa como la información rectificadora que justamente correspondía al pueblo de Petrel. Este fue Don Alfredo Rojas, de Villena, que en su calidad de prestigioso publicista y persona muy estimada entre las localidades con organizaciones festeras, muchas veces invitado de honor a aquellas Fiestas, escribió un ardoroso artículo explicativo en la misma Revista del siguiente año, 1977, y de acuerdo con el Ayuntamiento de Petrel se intentó llevar a Navarro a que firmara su talla, lo que no fue posible entonces por su enfermedad, ni ya más adelante, nunca repuesto, y porque fue incidente que se decidió mejor silenciar ante él porque le permanecía su disgusto que le aforaba a veces y le hacía hablar con enfado repitiendo que eran muchas las obras que tenía sin firmar, tal vez siguiendo la pauta de su maestro ideal, Miguel Angel, que tampoco firmaba y, al parecer, es norma muy extendida entre los escultores. Durante su visita en los años 1940 y 41 a Petrel, satisfecho por las atenciones recibidas y deseoso, como siempre fue relevante en él, de dar testimonio de ello, especialmente al Sr. Villaplana, tuvo tiempo de modelar la CABECITA de una niña suya de 2 años, para la que un famoso alfarero de Petrel le proporcionó un barro finísimo que él mismo quiso preparar personalmente al efecto. 40 años después tuvo Navarro ocasión de volver a ver esta cabeza de niña que se encontraba perfectamente conservada como el mismo día que él la terminara. Niña que actualmente es esposa de un famoso festero villenense y, claro está, también de Petrel. Cabo aplaudido de la Comparsa de Estudiantes que, cuando se le nombra, siempre con afecto, se dice: “el inigualable Pepe Iglesias”.

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