FALLECIMIENTO DE SU MADRE

En el crudo invierno del año 1945, su madre cayó enferma. Cuando el médico que la asistía habló a Antonio de la irreversible de la gravedad, llamó a su hermana Juana, la mayor y 3ª de los hijos de los que él hacía el 7º, y única de ellos que con él estaba en Madrid, pero a los 8 días, falleció. Era el 4 de Febrero.

Aquella buena mujer, Virtudes Santafé Marcos, nacida en Villena, su pueblo vivo en el recuerdo y al que diariamente añoraba, sacrificada pero siempre animosa, ya años viuda de un marido, Miguel Navarro Perona, un hombre bueno, con optimismo sin voluntad, siempre con alegres ensoñaciones de futuro todas fracasadas, que la llevó a Argentina y volvieron con las manos vacías, ella con sus deseos constantes de volver; aquel su marido que decía de la afición y de los estudios artísticos de su hijo Antonio, único que por coincidir con su período militar no fue a la Argentina: “Mi hijo Antoñico siempre siempre con los palillos, pero de plata nada”; madre de familia numerosa falleció en la añoranza de la mayoría de sus hijos. Solo la acompañaron Juana y Antonio hasta su enterramiento en el cementerio de la Almudena, de Madrid donde había vivido sin salir de la penuria de una vida apretada cerca de 30 años, firme en su sitio alentando a su hijo en su arte y esperanzada en su futuro. Todos los otros 7 hijos se encontraban en la Argentina.

Algunos, muy pocos, amigos y conocidos. Lo comunicó, conforme a su carácter, pero por una u otra excusa estuvo muy solo en tan doloroso trance. Una afectuosa carta de pésame, guardada en su archivo, que alumbra de su importante relación a través de su arte con personajes relevantes relación con la escultura que en aquel tiempo más realizaba, escrita toda a mano en una cuartilla, refleja toda esa circunstancia:

“Sr. Don Antonio Navarro. Mi querido amigo: Reciban con estas

“letras usted y sus hermanos mi sentidísimo pésame por la

“desgracia que les aflige con el fallecimiento de su querida

“madre q.e.p.d. y perdóneme no pueda acompañarles por tener

“que asistir esta tarde al entierro de mi tío carnal que

“falleció ayer. De Vds. affmo amigo y ss. Vicente Pastor

“(rubricado). Hoy 5 Febrero 1945”.

Antonio, a sus 39 años, estaba muy acostumbrado a la dureza de su vida. Pero indudablemente el consuelo de esas letras del gran maestro de la tauromaquia, una de las figuras grandes de la historia del toreo, le acompañó siempre.

Emocionado por el doloroso recuerdo, y en él el pésame de Vicente Pastor, me contó lo sucedido con la obra que esculpió del genial maestro, sobre un año antes:
Grupo “Vicente Pastor,

Pase natural por alto.” Bronce.
Recibió encargo del gran maestro Vicente Pastor para que le hiciera un grupo de su famoso “Pase natural por alto”, que tanto adornaba su gran categoría y tan personalísimo le era, “toro y torero dando este dificilísimo pase”. Mas un día, posando, Vicente Pastor le confesó que no podía llevárselo porque su apoderado le había estafado muchísimo dinero y no tenia fondos.

Terminó el escultor su obra, y la retuvo muchos años con él sin ofrecerla a nadie. El gran maestro le visitaba alguna vez, de largo en largo para contemplar “su grupo si lo tenía todavía.” Un día el propio Vicente Pastor le anunció que había invitado al Duque de Veragua, y al empresario Juan Balañá, y a Juan Belmonte ­advirtiéndole llevara cuidado al hablar con éste porque “también se encasquillaba”. ­ a visitar el estudio del escultor para admirar lo que él llamaba “su grupo”. El Duque de Veragua, ya tenía el de Belmonte que adquirió en la Exposición en el Club de Monteros, de Mayo de 1964.

También en ella estaba el “Vicente Pastor, su pase natural por alto”, que tuvo muchos “novios”, y había sido muy ponderado por público y comentaristas, pero no lo había puesto a la venta. El Duque de Veragua, que había sido uno de aquellos “novios”, le manifestó su deseo de adquirirlo. El escultor miró a Pastor y este le asintió para que lo cediera. Como el “grupo Belmonte” era algo más pequeño y pagó por él 30,000 pesetas, se lo quedó el Duque dándole en el acto cheque por las 50,000 pesetas que le pidió. Así ambos preciosos “grupos”, el “Belmonte” y el “Vicente Pastor”, están en la Casa de Veragua.

En la charla, aparecieron sus “encasquillamientos” y con el sufrimiento que le producía su defecto, se creyó obligado a pedir disculpas por él. Pero el gran Juan Belmonte, rápido, terció diciéndole: “Tartamudear no es problema cuando se echa el Arte por delante.”

Tal vez al lector parezca esta disquisición dentro del relato del fallecimiento de la madre de Navarro como la clásica charla de velatorios. Pero era curioso, que cada vez que me hablaba de aquella fecha dolorosa que tanto le afectó y tras tantos años siempre al referirla se emocionaba, me hacía referencia al grupo “Vicente Pastor”. Como igual cada vez que me hablaba del “Vicente Pastor”, lo relacionaba con el fallecimiento de su madre. Por ello he creído que este era el lugar para relatar el suceso de esta preciosa obra, anotada conforme él me la dictaba, que es el Grupo “Vicente Pastor”, por sus manos geniales inmortalizado en su personalísimo “pase natural por alto.”

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