VISITA LA EXPOSICION INTERNACIONAL DE BARCELONA

Precisamente cuando trabajaba en aquellos dibujos de modistería llegó a España en 1929, un argentino amigo de su familia, que le visitó y le invitó a acompañarle a la Exposición Internacional de Barcelona, ” de cuya visita quedó memorable reflejo en su memoria ante tanta grandeza y sus éxtasis contemplando los edificios que construyera la fantasía creadora de Gaudí o, dentro del recinto exposicional las cantarinas y luminosas fuentes encantador juego de luz y agua con las que sorprendiera al mundo, como adorno suntuario y magistral la magia enamorada del Ingeniero Buhigas.”

A la vuelta a Madrid aumentadas sus necesidades tiene que volver con Barrenechea, modelando cuanto éste en su taller le sugiere para su negocio pero era lo que a él le solucionaba el apremiante pan de cada día.

Así llegó la República. La euforia de la nueva ilusión política captada por el instinto comercial de Barrenechea le hace encargarle modelar un busto de su simbología. Pedestal con busto y gorro frigio de 60 centímetros, que presentó pomposamente ante sus amigos políticos de cuyo acto quedó una fotografía que, en semicírculo contemplando la estatua se encontraban junto a Barrenechea y el autor de ella nuestro escultor Navarro las destacadas personalidades del nuevo Régimen Andrés Casaus, el Alcalde de Madrid Pedro Rico y otras personalidades republicanas. Fotografía que años después, en los peligrosos tiempos de la guerra civil, le sirvió a nuestro escultor como único documento para salvar su integridad personal al carecer de afiliación y ocurrírsele presentarla como testimonio de adhesión.

Seguía trabajando con Barrenechea. Este estaba muy boyante ante el éxito de la escultura de la República. Consiguió pedidos de más de 200 reproducciones, tanto en bronce como en escayola metalizada para oficinas ministeriales gobiernos civiles, alcaldías etc. Y cada vez era más fuerte el deseo de liberarse de ésta sumisión que oprimía su personalidad y en su propia casa va modelando y sobre todo dibujando cuanto su fantasía a impulso de su caudalosa vocación le va motivando. Como obras mayores hace: busto de la MARQUESA DE PERINAT, cincelado en mármol de Carrara, y TOROS, sobre modelos de fotografías.

Un día ve en un escaparate fotográfico de la Puerta del Sol una instantánea de un pase de Juan Belmonte que le impresiona y decide modelarla. Entra en el establecimiento a comprar la fotografía y, presidiendo el panel de una pared observa un Escudo de Armas con las sierpes y calderas y comenta con el propietario que tal Escudo está en el Castillo de su pueblo, Villena. Este le dice que se llama Juan Pacheco y es descendiente de aquel famoso Marqués de Villena que reconstruyó su Castillo, como varios otros. Nace de tal circunstancia una corriente de mutua simpatía que forjó una amistad que continuaría mientras vivió.

Pocos meses después recibe Navarro en su casa la visita del Mayoral del ganadero D. Antonio Pérez Tabernero, recomendado por Pacheco, y le encarga un toro en bronce después de ver los varios en barro que le muestra Navarro. Quiere uno original para su jefe, diferente de aquellas actitudes. Navarro le dice que él le avisará cuando lo tenga en barro para, si es de su aprobación, pasarlo a bronce. 15/20 días después de su aviso se presenta en su Estudio el ganadero salmantino D. Antonio Pérez Tabernero. Ve el toro que le ha modelado en barro, lo aprueba y se lo manda fundir en bronce. Cuando lo tiene fundido le avisa y le aparece el Mayoral a recogerlo. Navarro le pide 3,000 pesetas y éste le dice que es muy caro, que “cuesta tanto como uno de verdad”. Y no se lo lleva hasta decírselo a su Don Antonio, y ya no contestó.

La espera en su apremiante necesidad le derrumbó una vez más. Cuando caía por su irresuelta necesidad en tales depresiones le martilleaba la cabeza la frase sarcástica que su padre, mientras estuvo aquí al regresar también mal de la Argentina, hacia la que se volvió otra vez, repetía como con cariño, pero que a él le hacía mucho daño: “Mi Antoñico siempre está con el palico que no da plata.”

Sin embargo, ¿quien lo hubiera dicho entonces?, años después este toro se lo compró Don Pedro Guerrero, de Jerez de la Frontera, y le pagó 50,000 pesetas. Pero además, también años después se sirvió de éste toro para hacer una reproducción en bronce bañado en oro, encargo del General Barrón para ser rifado en la Corrida del “Toro de oro” de la Línea de la Concepción.

Pero entonces, con el agobio de su angustiosa necesidad económica, no tiene más remedio que volver con Barrenechea. Lleva con Barrenechea más de tres años en esa sumisión de su arte y su nombre que le duele cada vez más, que se agrava por el constante regateo y avaricia de éste que llega hasta a retrasarse en el pago de sus concertados honorarios. Como hace meses que vive solo (1935) no quiere en su apurada situación económica recurrir a sus hermanas y va a desahogar su disgusto a casa de otro Barrenechea pintor, con quien tenía amistad tal vez por conocer que este también estaba disgustado con su primo por actitudes de su inmoral conducta. Este lo recibe cordialmente y le invita a hospedarse en su casa lo que acepta tras convenir el pago de su pensión. Allí le ayuda con un dibujo y modelado de un relieve de un niño desnudo, en pastelina, para un concursillo que tenía que hacer el pintor para ingresar en una fábrica de platería, que por tal ganó. Y Navarro se sintió muy satisfecho porque ha podido corresponder a su favor.

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